Almacén de letras. Blog de V.Pisabarro. Este blog recoge ejercicios de escritura. Algunos son ficción. Otros son verdad disfrazada de ficción, o ficción que se vuelve verdad. Los relatos son espejos, se justifican mutuamente. Están aquí porque explorar los límites de lo que se puede escribir requiere no mirar hacia otro lado.

domingo, 8 de marzo de 2026

Ancianos cohete


Al fin, tras mucho esfuerzo, el viejo llegó a la terraza de la residencia. La lluvia fina oscurecía el suelo. No se oía casi nada: algún pájaro, el agua cayendo por un desagüe. Se situó en el centro, con los ojos entornados y la boca entreabierta. Permaneció inmóvil unos segundos. Después despegó con un estruendo y desapareció en el cielo. Aquel fue el primer caso certificado de anciano cohete.

— ¿Cuántos años tiene usted?

— Setenta y cinco.

— Hasta los ciento veinte no comienzan los despegues.

— Despegar… ¿hacia dónde? —preguntó el periodista de divulgación científica.

La profesora del Centro Supremo de Investigaciones Fantacientíficas, directora del laboratorio de Bio-propelantes del HP-QTJ en el campus de Wasteland de la Universidad YALEVARD, en Calitokio, tarda en responder. Antes de hacerlo se oye cerca el “sssss” de un despegue. Nada especial: un modelo común, un “5SS” de unos noventa decibelios. El periodista cambia de pregunta.

— ¿Y su edad, señora? Disculpe, pero comprenderá la pertinencia.

— Estoy a punto de jubilarme. Cumpliré cien años muy pronto. En cuanto a su pregunta: no se despega hacia ningún sitio. No hay destino. Se elevan hasta agotar el combustible, que es el propio cuerpo, toda la materia humana, hasta desintegrarse en el límite infraatómico. Tal vez en partículas que la teoría imagina pero que aún no hemos observado. En otras palabras: se despega hacia la nada. O hacia algo que todavía ignoramos.

— ¿Y tampoco sabemos qué supercarburante convierte a un ser humano en cohete?

— Seguimos buscándolo. Se han propuesto agentes biológicos: enzimas, bacterias, catalizadores metabólicos. Mucho trabajo, pocos resultados.

— Entonces, para usted ¿cuál sería el camino correcto?

— Hemos aislado compuestos muy tóxicos que facilitan la ruptura de la molécula de hidrógeno. Como sabe, la combustión libera la energía interna del combustible. Estudiamos qué ocurre con protones y electrones después de esa ruptura. Llevamos años analizando metaloenzimas, su estructura y función. Y ahí nos detenemos.

— ¿Se detienen?

— Llegamos al muro.

— ¿Qué muro?

— El de los límites. La frontera entre lo que sabemos y lo que no. Hemos creado algo sin comprenderlo. Los avances científicos duplicaron la esperanza de vida: antes se moría a los setenta u ochenta; hoy esa edad sigue siendo juventud. En pocas décadas pasamos de seis mil millones de habitantes a doce mil. Un mundo sin guerras, con salud, con desastres naturales previstos con antelación. Pero también un mundo saturado. Nos volvimos una plaga.

Un estallido de ciento cuarenta decibelios —un “8SS”— interrumpe la conversación. Diez segundos después, cuando el ruido se pierde en la distancia, el periodista dice:

— Como un cáncer GIST. El único incurable.

— Algo parecido. La cuestión es cuánto puede resistir el planeta esta expansión humana. Hoy somos diez mil millones y seguimos disminuyendo. La edad mínima de despegue bajó de ciento cuarenta a ciento veinte años y continúa bajando. Es la radioterapia que la naturaleza aplica. La quimioterapia que salvará al planeta. Eliminará miles de millones de vanidades que llegaron a rozar la inmortalidad creyéndose el centro del universo. Y, sin embargo, no somos más que una gota en alguno de los mares del cosmos.

Sus miradas atraviesan el ventanal y se pierden en la ciudad cercana: Yorkin, capital de los fraterestados de la Tierra. En la noche, los ancianos cohete ascienden uno tras otro. Como estrellas fugaces. Sus despegues se reflejan en los cristales de rascacielos de más de mil metros antes de perderse en lo alto.


No hay comentarios:

ALMACÉN

Aquí aparecerán esas letras que antes se perdían en la nada de mi computadora. Escritas por puro placer y sin ninguna ambición de agradar ni complacer. Descargar novela"Del Agua Nacieron los Sedientos"