Almacén de letras. Blog de V.Pisabarro. Este blog recoge ejercicios de escritura. Algunos son ficción. Otros son verdad disfrazada de ficción, o ficción que se vuelve verdad. Los relatos son espejos, se justifican mutuamente. Están aquí porque explorar los límites de lo que se puede escribir requiere no mirar hacia otro lado.

domingo, 8 de marzo de 2026

Hartos de Dios

El corazón le golpeaba en el pecho como un puño sobre una almohada. Pensó que podía morir allí mismo, preocupado por “palmarla” con esa media sonrisa absurda y los ojos entornados, como un ahorcado aferrado a un billete de lotería.

Pero no murió. Probablemente le quedaban muchos días todavía, días destinados a cubrir con aburrimiento aquella tristeza antigua que siempre había llevado consigo, como el lunar que le descubrieron de niño en la espalda.

Que el billete fuera el más premiado de la historia no cambiaría gran cosa. Durante unos meses, sí: el impacto del suceso lo sacaría de la rutina. La fortuna lo elevaría por un tiempo, concediéndole caprichos y fantasías en ese territorio donde el dinero actúa como un dios y quien lo posee parece su dueño.

Pero al escritor no le interesa describir esos meses. Sería cansado para él y previsible para el lector. ¿Quién no ha oído la historia del nuevo rico que llega de golpe a la felicidad y descubre un paraíso que no sabe cultivar? Gente que toma posesión de su fortuna, la consume con ansiedad y trata de apagar con ella el recuerdo de las carencias.

Con el tiempo, el protagonista podría aprender. Si fuera listo, acabaría como un Robinson tranquilo en su isla, sin esperar barcos, aceptando lo que tiene y lo que no tiene. Si no lo fuera, arruinaría su propio territorio y terminaría soñando con regresar a su antigua vida: la rutina pequeña, la existencia sencilla.

Pero el escritor no quiere contar otra historia de libertos que pastan entre sus riquezas ni de quienes añoran el yugo y la tranquilidad de no decidir nada.

Le gustaría escribir otra cosa. La historia de alguien que no teme naufragar otra vez. De un hombre que traza con paciencia el mapa de sus emociones. Quizá del único ser humano verdaderamente libre: alguien que se conquistó a sí mismo antes de conquistar el mundo, alguien que nada teme y nada desea.

Podría escribir sobre un hombre que deja su casa con las puertas abiertas, entierra su oro y lanza cien mapas verdaderos dentro de cien botellas, esperando que al menos un soñador los encuentre. O sobre alguien que reparte su dinero en los aeropuertos para empujar a los verdaderos viajeros hacia el futuro.

Eso le gustaría escribir.

Pero los personajes a veces se rebelan. No creen en su autor. Ni siquiera creen en sí mismos si el lector no los encuentra.

Tal vez por eso el hombre que ganó el mayor premio de la historia rompió el billete. Para no tener que conquistarse, para no abandonar su casa, para no enterrar tesoros ni repartir dinero en los aeropuertos, como habría querido su creador.

A veces ocurre así: los personajes obligan al escritor a contar su verdad. Y casi nunca quieren ser protagonistas de grandes hazañas. Están cansados de los caprichos de la fortuna y de las exigencias de quienes los inventan.

La mayoría solo quiere que el escritor escuche sus oraciones.


No hay comentarios:

ALMACÉN

Aquí aparecerán esas letras que antes se perdían en la nada de mi computadora. Escritas por puro placer y sin ninguna ambición de agradar ni complacer. Descargar novela"Del Agua Nacieron los Sedientos"