<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628</id><updated>2012-01-30T13:05:41.310+01:00</updated><title type='text'>Los Sedientos</title><subtitle type='html'>Almacén de letras. Blog de V.Pisabarro</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>16</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-363073769388900995</id><published>2011-03-12T14:09:00.002+01:00</published><updated>2011-03-12T14:09:25.320+01:00</updated><title type='text'>Los ocasos adecuados (Lujuria)</title><content type='html'>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://lh6.googleusercontent.com/-cWQhg-hJ4Rg/SYrL_bi-qNI/AAAAAAAAAGw/tzXu198ZGeM/s1600/P1150065.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="https://lh6.googleusercontent.com/-cWQhg-hJ4Rg/SYrL_bi-qNI/AAAAAAAAAGw/tzXu198ZGeM/s320/P1150065.JPG" width="240" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;1&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;De cuando la voluntad es insuficiente para pecar.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era uno de esos días de otoño que huelen a primavera. En Berfurt declinaba una tarde serena en la que las postreras hojas de los árboles permanecían tranquilas sin tan siquiera la más leve brisa que las moviera anunciando la cercanía del invierno. La estrecha fachada de aire modernista del hotel Manhattan elevaba su triste decadencia entre edificaciones cercanas destacándose de manera similar a la del grupo de amigas en la que una de ellas, sin llegar a ser hermosa, es la menos desfavorecida de todas. En la terraza del hotel, John Silva, apoyadas ambas manos sobre la barandilla de hierro forjado, se asemejaba a un simple ornamento arquitectónico. Entretenía la mirada en los rascacielos de la zona financiera que, imponentes, se recortaban sobre un el cielo anaranjado y próximo a oscurecer. Orientado por la aguja de la catedral fue ubicando los distintos barrios de la ciudad por los que transcurrió su existencia; la iglesia donde fue bautizado; la escuela, el instituto donde le educaron; los negocios que le dieron trabajo; el cementerio donde se pudrían sus muertos. El eco del taconeo de unos pasos acompasados le obligó a dirigir la mirada hacia abajo comprobando con desagradado que el ruido lo producía el caminar de la mujer a la que estaba esperando, aparecía en escena con una altivez ridícula como la de una reina con corona de plástico. La siguió hasta que entró en el hotel temeroso de que pretendiera irrumpir, de forma tan ridícula, en su futuro en sus pensamientos, en su vida. Sintió en el estómago algo desabrido, como un rodar de piedras romas y blandas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La deslucida moqueta floreada amortiguó el ruido de los altos tacones aliviándosele el atribulado espíritu pues pensaba que el estruendo de las pisadas desluciría su entrada en un hotel tan señorial. A pesar de la declinación, a Donatilda Schiaffino el hotel le parecía un magnífico lugar; refinado, respetable, algo parecido al adorno pulcro que exhiben los ancianos cargados de medallas y honores. Tras el marmóreo mostrador un esbelto recepcionista, hombre de mediana edad, la observaba por encima de unas minúsculas gafas de montura dorada. Ella, para darse importancia, no mostró la sonrisa de dócil subordinada que habitualmente aparecía en su rostro moreno limitándose a preguntar, inexpresiva, por el número de la habitación en que la esperaban. El hombre permaneció un instante con la boca fruncida y fija la mirada en los ojos marrones de Donatilda antes de responder con la aspereza de las amabilidades obligadas. A ella le gustó en gran medida que a las tres cifras del número de la habitación añadiera lo de madame como tratamiento de cortesía, sin advertir la rutina con la que la cubrió el recepcionista, que seguía sin quitarle ojo extrañado por el abrigo de paño que la cubría, cerrado hasta el último botón y tan desapropiado para una tarde tan tibia. Ante la majestuosa cancela de hierros forjados del ascensor, alguno herrumbroso, rodeada de un mobiliario inapropiado a los tiempos que corrían e influida por el encanto de esa rancia atmósfera, Donaltilda estiraba la espalda hasta casi hacerse daño considerándose, en la espera, como una distinguida dama decimonónica, y eso a pesar del inapropiado zumbido de un letrero parpadeante, amarilleado por la grasa del tiempo y que indicaba una salida de emergencia. La cabina del vetusto ascensor bajó majestuosamente de las alturas. El lustre de la caoba, los herrajes dorados, los cristales grabados, todo se le asemejaba a una carroza mágica que acaso la llevara hasta los territorios de una realidad muy distinta a la que habitaba cada día. Entró despacio procurando no hacer ruido y tras apretar el botón del piso más alto acercó su rostro añejado a un espejo dorado que le mostró tan bella a sus ojos como creía haberlo sido en su tiempo de esplendor, hermosa a pesar de todo, a pesar de las arrugas, de la dureza de los recuerdos, de la injusticia de sus más de cincuenta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John Silva entró en la habitación y cerró la puerta acristalada de la terraza, cruzó los brazos con fuerza sobre el pecho suspiró y apoyando la frente sobre el vidrio fresco dirigió una mirada imprecisa a Berfurt, aunque la ciudad, con toda su grandeza se hizo invisible para sus sentidos concentrado como estaba en la probable satisfacción de un deseo lujurioso, antiguo, sintiendo la ambivalencia de ese momento en el que a su ánimo desapacible, alterado, le resultaba imposible reconocer a la situación como agradable a pesar de ser soñada durante mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John no amaba a Donaltilda, la deseaba, sentía el arrebatador impulso de poseerla con la vehemencia de un macho joven, no por parecerle una mujer bella, sino porque como hombre quería apoderarse de esa preponderante feminidad tan evidente y que la hacía mucho más apetecible al deseo que a cualquier otra dotada con una belleza más reconocible y vulgar. Esas oscuras curvas perfiladas con por la suavidad de su piel meridional; la amable sonrisa que dulcificaba los rasgos severos; su actitud, ofreciéndose tan provocadoramente sumisa; tan delicadamente rendida en el trato encendía en los adentros de Jhon Silva algo parecido a una deleitosa comezón, a un ansia de amarla con la brutalidad de un salvaje en un violento ejercicio de posesión animal. Así lo imaginaba cuando, satisfaciéndose así mismo, decoraba su fantasía con perversiones en las que involucraba a un ser de buen temple como Donaltilda al que presuponía de una bondad pasiva, sin ángulos y tan adecuada para su lascivia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compañeros de trabajo, con el paso del tiempo casi llegaron a ser amigos. Se fueron invitando a sus respectivas intimidades permitiéndose de vez en cuando atrevidas confidencias hasta llegar a un borde donde era preciso dejarse caer o a desandar los pasos dados enfriando su relaciones en la virtud. Aunque ellos, por entonces, no imaginaban hacia donde les llevaba una pasión tan inflamada aunque esperaban pacientemente a llegar hasta el cumplimiento de un fin ineludible. Pasaron mucho tiempo jugando pícaramente untándose miel en los labios hasta que en día anterior John planteó súbitamente y medio en broma un desafío a Donaltilda que pensó abriría definitivamente su relación al sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encendió las luces de la habitación y su ambarina debilidad le hizo percibir el espacio y la situación con aflicción. Los visillos amarilleados por la tenue luz, las pesadas cortinas marrones colgaban inertes, igual que su deseo, sin un soplo que los avivara en esa hora determinante. Tocaron a la puerta, permaneció tal como estaba, de brazos cruzados apoyado en la ventana mirando a la ciudad. Volvieron a llamar y esperó a que se decidieran abrir; por el reflejo del cristal vio como el picaporte se movía lentamente entreabriéndose la puerta, por el intersticio apareció como en un guiñol la redondeada y sonriente cara de Donaltilda mientras a John se le aceleraba el desencanto. Pasó y cerró sin hacer ruido, él giró comprobando que esa maldita luz no le favorecía a la mujer. Permanecían inmóviles, sin pronunciar palabra. Todo lo que a John le gustaba de ella se ocultaba ahora bajo una basta capa de maquillaje y un burdo abrigo de paño oscuro. Su pelo recogido en un pretencioso moño mal rematado aumentaba el desatino y a pesar de los altos tacones le pareció más baja que cuando calzaba sus zapatos cotidianos, parecía estar subida a algo desapropiado que la ridiculizaba en lugar de elevarla graciosamente. A la temblorosa Donaltilda, a pesar de mantener la sonrisa, se le estaban ahogando todas sus ilusiones ante la fría figura que le observaba percibiendo algo peor que el rechazo sintiendo caer sobre ella una fina lluvia de desprecio. Esperaba ser recibida con los agasajos de un hambriento de amor, con el halago de un rendido al que estaba dispuesta a colmar de gozo y se encontró con alguien al que parecía estar viendo por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, temblorosa desanudó el cinturón torpemente, tardó demasiado, después levantó la vista mostrando la sonrisa más falsa de toda su vida y se abrió el abrigo igual que una mariposa sus alas exhibiendo su bronceada desnudez, ensayando una postura que suponía favocedora. El abrigo, los zapatos, las medias, el liguero y las falsas perlas de pendientes y collar decoraban un cuerpo cubierto de vergüenza que poco a poco se fue transfigurando en ridículo mientras pensaba que suya era la culpa por pretender encender el deseo a un hombre con los pueriles coqueteos de una niña y con el cuerpo ajado de una cincuentona. John, maravillado ante la visión de ese cuerpo que se mostraba abiertamente, sufría el peso de la impotencia que le impediría gozar con eso que ahora estaba a su disposición y que fue tantas veces soñado. Comprobó una vez más que la realidad era enemiga del orgullo al que siempre vencía con los años tal como se atestiguaba en el cuerpo de Donaltilda que de repente dejó de parecerle tan apetecible como en sus fantasías, cuando a solas se recompensaba con un imposible que superaba mil veces a esta verdad. Su voluntad desfallecida reconoció que también por él pasaron muchos años y que la penosa imagen de la mujer no era sino un reflejo de sí mismo, incapacitado para la lujuria, incapaz de actuar como un animal lleno de vida y rabioso de gozo ante una mujer que se le ofrecía sin condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Procuró retomar la situación rescatándose de la desoladora profundidad en la que había caído y aferrándose a una superficialidad salvadora, dijo: —«Muy bien. Veo que eres capaz –carraspeó-. Supongo que he perdido y que tú has ganado la semana de vacaciones que te prometí si veías desnuda hasta aquí». Le cerró el abrigo y la abrazó sin sentir nada, ella, permaneció inmóvil sintiéndose una desgraciada, el odio le llegaría poco después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una fina raya crepuscular marcaba el horizonte con un azul frió, casi grisáceo. La noche cubrió a Berfurt, que empezaba a resplandecer con los miles de luces de sus calles, igual que el letrero vertical que ocupaba cuatro pisos de altura en la estrecha fachada de aire modernista del hotel Manhattan.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-363073769388900995?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/363073769388900995/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=363073769388900995&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/363073769388900995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/363073769388900995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2011/03/los-ocasos-adecuados-lujuria_12.html' title='Los ocasos adecuados (Lujuria)'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='https://lh6.googleusercontent.com/-cWQhg-hJ4Rg/SYrL_bi-qNI/AAAAAAAAAGw/tzXu198ZGeM/s72-c/P1150065.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-8666622741370539263</id><published>2010-09-15T22:12:00.003+02:00</published><updated>2010-09-22T08:34:36.520+02:00</updated><title type='text'>Retorno a mayo</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TJEogdBUPvI/AAAAAAAAANM/-r2gzQtKHX4/s1600/niebla1.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TJEogdBUPvI/AAAAAAAAANM/-r2gzQtKHX4/s320/niebla1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Le habría gustado morir en una mañana luminosa de mayo, perfumada con el aroma de algún rosal cercano, como los que reventaban en flores amarillas rebosando las tapias de las calles por las que vagaba en aquellos días perdidos de la infancia, cuando elegía holgazanear en compañía de perros en lugar de estar en clase aprendiéndose la tabla de multiplicar. Sí, en mayo, porque en ese mes nunca le ocurrió nada malo y quería que siguiera siendo así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le estaban consumiendo los años de juventud cuando comenzó a dejar de ver al mundo, a la vida, a los suyos. Perdió la vista y, muchos años después, le seguía pareciendo imposible no volver a ver con tan sólo levantar los párpados. Cierto día, en el instante en que se inclinó para coger un muestrario que estaba en el maletero del coche sufrió el desprendimiento de ambas retinas, la inevitable ceguera fue una cuestión de tiempo. Aunque lo que sucedió es que no se agachó para recoger el muestrario del color (trabajaba de comercial dedicado a la venta de pinturas), lo que en verdad buscaba en el maletero era una revista erótica de muy poco estilo escondida bajo la alfombrilla debido a la inagotable curiosidad de sus hijos que no cesaban de buscar abriendo cajones, bajo las camas, por lo alto de los armarios sin saber qué buscaban aunque a veces encontraban algo que le avergonzaba. Me agaché y me quedé ciego. Eso dijo a todos, también así mí mismo, lo del muestrario le parecía más digno para quedarse ciego que no lo de la revista cuasi pornográfica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentía fascinación por las mujeres hermosas por eso le agradaba remirar aquellas revistas de muchachas desvergonzadas en poses tan falsas como atrayentes, pero al dejar de verlas dejó de desearlas. Le seguía atrayendo la esencia femenina y aunque las apeteciera de vez en cuando en su noche eterna, perdió interés por el sexo desde que dejo de verlas y empezó a olvidarlas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así quedó ciego, sin golpe de puño o pelota, ni tampoco en un accidente terrorífico con fragmentos de cristal clavados en los ojos. Fue como si corrieran un telón ocultándole el maravilloso espectáculo de la vida, de todas las cosas a las que desde entonces hubo de reconocer con la yema de los dedos. El tacto para reconocer, pero para rememorar el olfato es mucho más certero que la vista o el oído, por eso se recreaba recordando el aroma de aquellos rosales que reventaban en grandes flores amarillas rebosando tapias y rejas en su lejana infancia y por eso creía que sería bueno morir en un día como alguno de aquellos, en una mañana luminosa, perfumada, como en las que le importaba un carajo la tabla de multiplicar y andaba seguido de perros buscado sin saber qué por las callejas solitarias como después rebuscarían sus hijos bajo las camas y por lo alto de los armarios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mayo jamás le ocurrió nada malo, por eso le importaba tanto morir en el quinto mes para que siguiera siendo así, para que la racha continuara hasta el fin. Periodo en que conoció a la mujer por primera vez, a una que le eligió a él entre casi todos los muchachos del barrio que sin poderlo evitar le entregaron sus corazones rendidos en aquella pletórica primavera. Además, por aquellas fechas, cumplió con su primer juramento rompiendo la boca del patán que dijo que era una puta aquella muchacha que lo despreció. Se la rompió y al mayo siguiente, porque también lo juró, se casó con todas las mujeres casándose con ella, la misma que en el mismo mes, le dio el más dulce de los besos, ese que se recordaría hasta el fin de los días porque la húmeda tibieza de aquel beso repentino le provocó un escalofrío de amor que recorriendo una a una todas las células de su cuerpo, puede que también a su alma, le descubrió a la madre de sus hijos. En mayo nacieron y ganó el primer sueldo; tuvo la primera moto; el primer coche; la primera borrachera con un amigo; fumó el primer cigarro, ganó una partida a las cartas y en tiempo de escasez, tiró sus últimas monedas al río demostrándole al futuro que no le tenía miedo alguno. Tal era la fortaleza de su confianza en sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otras ocasiones se recordaba en mayo adormecido al amparo del regazo de la madre, que le apoyaba la cabecita en el pecho para que escuchara la dulce nana que le cantaba su corazón; recordaba una y otra vez al padre patear un balón amarillo tan fuerte, que parecía perderse en el azul inmaculado del cielo. Por entonces todo tenía sentido, era grande, inacabable, hermoso; todos eran inmortales y percibían a Dios en cada uno de los átomos de cada cosa, porque todas eran importantes. Lo sentían en la dorada luz del atardecer colándose en haces por los agujeros de las persianas hendiendo la penumbra de la escuela; en un cuaderno escolar sobre la mesa del profesor; en la despreocupada risa de los hombres mansos al anochecer; en el color rosa-fucsia de un lapicero favorito; en la lágrima que se desliza por la tapa de un ataúd; en el canto de las olas del inagotable verano y en el de los remolinos de hojarasca de los otoños ventosos; en las estaciones. Mucho tiempo después, al final, sólo era capaz de creer en Dios ocasionalmente, por ejemplo, durante el desvelo de alguna noche desesperada, porque hacía demasiado tiempo, ¿cuántos años?, que no percibía el frescor reconfortante de los amaneceres de julio, que no escuchaba el cantar de los pájaros tras la lluvia y que no volvió a oler como olían aquellas rosas de mayo, aunque le sentaran en primavera cerca de los rosales y le juraran que su perfume era tan intenso que llegaba a marear. Ya no sentía nada, y cuando se dice nada, es nada, ni siquiera a Dios. Al fin todo acaba limitado, pequeño, razonable, sin sentido, como un oscuro y profundo hormiguero lleno de hormigas borrachas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, asomado a la ventana de un piso once el viento le acerca la peste humana, el ruido del profuso tráfico. El edificio está situado como un gigante solitario frente a una gran avenida por la que al principio, tiempo atrás, circulaba algún que otro vehículo y él los seguía con la mirada durante el crepúsculo. La perfumada brisa de mayo le despeinaba tan delicadamente como lo haría una mano amorosa mientras fumaba ahí, tan alto, en un piso once, apoyado en la barandilla de la ventana y escupiendo de vez en cuando. Miraba el lapo zigzaguear en el aire y por entonces no sonaba el atroz estruendo de miles de neumáticos rodando sobre el asfalto ni olía el tufo del aceite requemado de ahora. En aquel tiempo escuchaba la música de la radio complaciéndose simplemente en fumar, en el azul, en el naranja del cielo, en escupir de vez en cuando. Era joven veía y la mujer que lo eligió entre todos contemplaba el dulce languidecer de otro día de mayo a su lado. Eso le bastaba para declararse feliz si hubiera sido necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí; le habría gustado morir en mayo; en una mañana luminosa, perfumada con el aroma de los rosales pero era octubre y estaba en un piso once en el declinar de un día embarrado, frío, que entraba por la ventana oliendo a óxido acompañando al fragor del tráfico. Estaba solo, no le acompañaba nadie que mirara el crepúsculo y fumara a su lado. Escucho el ladrido de un perro, poco después un silbido lejano. Tarareó una melodía de las que antiguamente escuchaba en la radio; se preguntó: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Zigzaguearé como un escupitajo? Seguro que no. Caeré a plomo, derecho como un fardo o cualquier otra cosa sin alma. Retornar a la inocencia, zigzagueando de año en año hasta aquellos maravillosos tiempos en que los rosales reventaban en flores amarillas rebosando las tapias, perfumando las calles por las que vagaba en aquellos días perdidos de mi infancia. Quiero retornar a mayo, a ese mes en que nunca me ocurrió nada malo, cuando todo era grande, inacabable, hermoso y tenía sentido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-8666622741370539263?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/8666622741370539263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=8666622741370539263&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/8666622741370539263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/8666622741370539263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2010/09/retorno-mayo.html' title='Retorno a mayo'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TJEogdBUPvI/AAAAAAAAANM/-r2gzQtKHX4/s72-c/niebla1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-3500224037058996495</id><published>2010-06-09T14:04:00.001+02:00</published><updated>2010-06-09T14:04:54.524+02:00</updated><title type='text'>Ancianos cohete</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TA-DNNoBSJI/AAAAAAAAAM0/UruBydn0u8w/s1600/P3290040-1.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TA-DNNoBSJI/AAAAAAAAAM0/UruBydn0u8w/s320/P3290040-1.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Al fin, tras mucho esfuerzo, el viejo llegó a la terraza de la residencia. La fina lluvia charolaba el piso; el graznido de un pájaro, el agua desembocando por algún desagüe, no se oía más. Se situó en el centro de la amplia cubierta con los ojos entornados y la boca medio abierta manteniendo una inmovilidad perfecta antes de despegar con atronador ruido hacia el cielo, hacia el infinito, hacia la nada. Éste fue el primer caso certificado de anciano cohete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Cuántos años tiene usted?&lt;br /&gt;— Setenta y cinco&lt;br /&gt;— Hasta los cientoveinte no dan comienzo los despegues &lt;br /&gt;— Despegar pero… ¿hacia dónde? — preguntó el periodista especializado en divulgación científica&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La profesora del Centro Supremo de Investigaciones Fantacientíficas y directora del laboratorio de Bio-propellants del HP-QTJ, en el campus de Wasteland de la Universidad YALEVARD en Calitokio, demora la respuesta y cuando está a punto de contestar, escuchan el “sssss” de un despegue no muy lejano. Nada especial, uno común, un “5SS” de unos noventa decibeles. La circunstancia hizo cambiar de pregunta al entrevistador&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y su edad señora?  Disculpe, pero estoy seguro que comprende la pertinencia de la pregunta.&lt;br /&gt;— A punto de jubilarme, voy a cumplir los cien años muy pronto. En cuanto… a los despegues, hacia dónde se despega, le respondo que hacia ningún sitio, no hay destino, se elevan hasta agotar el combustible que como sabemos desde hace mucho es el continente y el contenido, la totalidad de la materia humana, del sí mismo, hasta desintegrarse en el límite infra-atómico, en partículas conjeturadas teóricamente pero que a día de hoy no han podido ser confirmadas por experimento alguno. Es decir, se despega hacia la nada, o hacia lo que existe pero que aun nos es desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y a día de hoy tampoco se sabe qué supercarburante es el que convierte a un ser humano en un cohete?&lt;br /&gt;— Seguimos buscando agentes biológicos, enzimas, células microbianas susceptibles de ser utilizadas como catalizadores. Es decir, una fuente energética procedente del metabolismo bacteriano. A mi juicio, mucho tiempo perdido errando por sendas equivocadas.&lt;br /&gt;— Entonces, para usted ¿Cuál sería la senda de los aciertos?&lt;br /&gt;— En nuestras investigaciones hemos descubierto productos muy tóxicos aislados, y que tienen un papel fundamental facilitando la rotura de la molécula de hidrógeno. Como usted sabe la combustión es un conjunto de procesos físico-químicos por los cuales se libera la energía interna del combustible. Los estudios procuran descubrir el camino por el que van los protones tras esa rotura, que es distinto del que toman los electrones, y así seguimos años y años en una línea de investigación básica de laboratorio en estudios de caracterización estructural y funcional de metaloenzimas. Así llegamos hasta el muro.&lt;br /&gt;— ¿A qué muro?&lt;br /&gt;— Al muro infranqueable de los límites. A la frontera entre el conocimiento y el desconocimiento. Hemos fabricado algo pero no sabemos qué. Los avances científicos nos han permitido alargar la vida humana una media de cien años. Antiguamente lo normal era desaparecer de este mundo a los setenta u ochenta, hoy a esa edad seguimos siendo jóvenes, nuestros cuerpos, nuestra mente no muestran agotamiento ni declive. Se pasó de seis mil millones de seres humanos habitando el planeta hasta doce mil en apenas cinco décadas. Un civilizado pan-mundo sin guerras, con hábitos saludables, sin apenas enfermedades y con las amenazas del planeta controladas, sequías, terremotos, volcanes, todo previsto con mucha antelación. Nos hemos convertido en una plaga…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los 140 decibelios de un “8SS” interrumpen a la profesora. Unos diez segundos después, cuando el cercano despegue apenas se percibe, el periodista que le sostuvo la mirada durante todo este tiempo dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Como un cáncer GIST, el único incurable.&lt;br /&gt;— Algo parecido. ¿Hasta cuánto y cuándo puede soportar el planeta esta metástasis, la propagación humana que ha humanizado hasta el último grano de arena? Hoy somos diez mil millones y seguimos disminuyendo, la edad mínima de los despegantes ha bajado de los 140 años a los 120 y sigue reduciéndose. Es la radioterapia que la naturaleza nos impone, la quimioterapia que salvará al planeta hasta dejarlo libre de estas células malignas, de los miles de millones de vanidades que llegaron a acariciar la inmortalidad creyéndose cada una el centro del universo, aunque, realmente, nuestra totalidad no sea más que una gota de agua en alguno de los insondables mares cósmicos, de otro universo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoche, sus miradas atraviesan el ancho ventanal hasta perderse por la cercana ciudad de Yorkin, capital de la totalidad de los fraterestados de la tierra. &lt;br /&gt;Igual que las estrellas fugaces, los ancianos cohete desaparecen en las alturas en incesantes despegues reflejados en los cristales de imponentes rascacielos de más de mil metros de altura.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-3500224037058996495?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/3500224037058996495/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=3500224037058996495&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/3500224037058996495'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/3500224037058996495'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2010/06/ancianos-cohete.html' title='Ancianos cohete'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TA-DNNoBSJI/AAAAAAAAAM0/UruBydn0u8w/s72-c/P3290040-1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-4708105377926224321</id><published>2010-03-16T20:50:00.004+01:00</published><updated>2010-06-09T14:10:37.301+02:00</updated><title type='text'>Ad Notitiam</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TA-ETf1M1zI/AAAAAAAAAM8/smOx77JmVv0/s1600/P3250037.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TA-ETf1M1zI/AAAAAAAAAM8/smOx77JmVv0/s320/P3250037.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Como de costumbre regresó a casa a eso de las dos, abrió el buzón y extrajo la única carta que había dentro sin sello ni remite. En el sobre aparecía con perfecta caligrafía su nombre completo, más abajo la dirección, era de papel grueso y caro de esos que se entregan para los convites de boda, le costó un poco rasgar la solapa, dentro, una cartulina en la que esperaba encontrar una invitación para algún banquete, aunque no se trataba de nada de eso, leyó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Por la presente le informo de que estoy considerando su asesinato.&lt;br /&gt;Inicio un periodo de reflexión hoy día primero del presente mes con el objeto de evaluar la conveniencia y las oportunidades de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si lo considera conveniente puede presentar denuncia previa contra la presente notificación ante cualquier fuerza policial o correspondiente demanda ante la jurisdicción civil que considere oportuna o ejercitar cualquier otro procedimiento que estime procedente, lo que no afectará ni positiva ni negativamente en la decisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podrá considerar desestimada esta evaluación si transcurren noventa días sin recibir resolución alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;QUEDA UD. DEBIDAMENTE NOTIFICADO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la primera lectura releyó desordenadamente volviendo una y otra vez a la palabra “asesinato” que no lograba integrar en un discurso tan formal como el del comunicado. Siendo plenamente consciente ya de lo que se le notificaba dirigió la mirada de izquierda a derecha y después hacia arriba mientras la cartulina temblaba entre sus manos. Entró rápido en su casa cerró la puerta y echó cerrojos, le comenzó a florecer el pánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó un tiempo largo en el que casi todos sus pensamientos giraban entorno a la amenaza del comunicado igual que miles de satélites giran en torno a la tierra conforme a la ley de gravitación universal. Su obsesión era encontrar un indicio que lo llevara hasta el origen de la amenaza; quién, por qué se querría matar a una persona como él sin enemigos ni deudas; un ser humano básicamente bueno “yo soy una buena persona, quién querría matar a una buena persona como soy yo” repetía en voz alta de vez en cuando. Estaba claro que sólo un psicópata podía obrar de manera tan siniestra, alguien con propensión al mal incapaz de sentir remordimientos, que usa a los demás como juguetes para satisfacer algún goce degradado; un asesino que se recrea en el mal observando a sus angustiadas víctimas. Seguramente tendría un código propio de comportamiento como casi todos los psicópatas, una ley suprema al margen de cualquier ley moral o escrita, el mal nacido no sentiría cargo de conciencia por el tormento que causaba, si acaso algún enfado cuando se infringía su reglamento. Probablemente tendría pinta de persona decente, alguien educado y cercano con el que te cruzas en la oficina, un administrativo, o un policía, o el panadero, o el vecino, o un médico; sea como sea, un mal bicho camuflado en la normalidad cotidiana con necesidades aberrantes que se cree el eje de toda existencia, un megalómano que escribe notificaciones absurdas a buenas personas anunciado asesinatos que seguramente sería capaz de cumplir sin escrúpulos, sin sentir culpa alguna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre informó muy pronto a sus allegados y casi todos le animaron a presentar denuncia a la policía aunque otros le quitaron importancia casi le convenciéndole de que todo era obra de algún idiota inofensivo que quería hacérselas parar mal por… ¡vaya usted a saber por qué!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se atenuaba el desasosiego según pasaba el tiempo aunque se avivaba a la hora de abrir el buzón a eso de las dos. Al cabo de casi tres meses desde que recibiera el comunicado encontró otro sobre igual que el anterior aunque éste no estaba en la casilla de correo lo vio en el suelo del pasillo alguien lo introdujo por debajo de su puerta y avanzó un par de metros. Al descubrirlo se quedó paralizado y temiendo desmayarse se apoyó en la pared, al cabo de un buen rato levantó el sobre y extrajo la cartulina que leyó con el alma en suspenso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Por la presente le informo que finalmente he decidido ‘sine die’ su asesinato.&lt;br /&gt;Contra la presente no cabe ninguna apelación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así por ésta mi sentencia, lo pronuncio y firmo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Sine die? Dudó del significado del latinajo mientras se fijaba en la firma que resultó ser una perfecta “X” trazada con tinta amarronada y de pronto su memoria le trajo el claro recuerdo de una declinante tarde de invierno en el humilde barrio en el que se crió. En esa época del año la niebla hacía más habitable la realidad difuminando la áspera dureza de la barriada en la que un grupo de jovencitos optaba por el frío de la calle antes que por el aburrimiento en sus humildes moradas. Se arrimaban al calor del otro sentados en una ancha y empinada escalera casi arruinada. Los chicos galanteaban con agresividad a las chicas, se hablaban a gritos, se besaban, bromeaban fumando, escupiendo, maldiciendo, eran casi salvajes, casi felices. Una de las muchachas sacó del bolsillo un frasquito lustroso y al instante se lo arrebató el que entonces era un soberbio mocito y ahora era un hombre asustado, el niñato trepó hasta la rama más baja de un árbol cercano, la chica le exigía entre insulto e insulto que se lo devolviera, los demás se limitaban a observar hasta dónde era capaz de llegar el muchacho sabiendo los que mejor le conocían que sería muy lejos, pues a su necia crueldad aun no se le habían puesto límites, la chica dejó los insultos y comenzó a suplicar, él preguntó por el contenido y otra chica respondió que era la base de un maquillaje carísimo y que su amiga había ahorrado durante mucho tiempo para comprarlo. El idiota abrió el frasco y olfateó la crema amarronada después hizo como que se le caía un par de veces mientras ella no dejaba de rogarle. Parsimonioso vació la totalidad del frasco en una áspera rama untándola después hasta no dejar rastro de crema en las palmas de sus manos. ¿El odio de esa muchachita aumentado con el recuerdo año tras año sería capaz de desearle la muerte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una larga vida como la suya, como la de cualquier otro, deja un largo rastro de ofensas, de daños, sobretodo a los más cercanos a los que en el corto radio de los egoísmos sufren los desaires, las ofensas más graves; las que el miedo, la envidia o el desprecio de necios insignificantes distribuyen como virus causando mil dolores pequeños sin ser conscientes del profundo sufrimiento que causan la pequeñez de sus miserables acciones. También le vino a la memoria un chicle aun babeante en el pelo de un compañero de pupitre, un chiquillo de unos diez años que llorando lastimosamente trataba de desprenderlo enmarañándose aun más el cabello. Recordó verlo al día siguiente con la cabeza rapada y algunos moratones, probablemente señales de una madre furiosa por tener un hijo al que le pegan cosas en el pelo. A pesar del paso de tantos años el hombre recordaba el brillo de sus ojos atemorizados mientras él, amenazante, hacía globitos con el chicle mirándole fijamente. Ojos. Otros ojos como esos azules a los que juró amar toda la vida, los de una muchacha que dejó todo entregándose incondicionalmente a un irresponsable que meses después fue incapaz de sostenerle la mirada mientras decía adiós. Dolores pequeños, a veces mínimos que sumados año tras año se sufren hasta llevar al más cabal ante las puertas de la locura, por ejemplo con un ruido apenas audible, el molesto zumbido del motor de un difusor instalado en su chimenea con el que atormentó al vecino de pared sin permitirle un sueño plácido durante años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pasaba el tiempo, inventariando mentalmente agravios, humillaciones, mentiras, traiciones, decepciones de lo que hasta entonces le parecían inocentes chiquilladas, travesuras, descuidos, olvidos o desinterés que causaron tanto padecimiento y sentía tanto arrepentimiento por lo irreparable que consideró que quizás estuviera justificada su condena a muerte, no por un daño grande, por ejemplo un asesinato o una gran traición sino con más motivo por la suma del mil, de un millón de malicias cometidas a lo largo de una vida y que como la fría niebla de su infancia lo cubría de infamia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despertó, pero no quiso abrir los ojos. Estaba desnudo, amarrado de pies y manos sobre una superficie lisa, fría, acero probablemente, imaginó con acierto que estaba encima de una mesa parecida a la de las autopsias. No tenía ni la más mínima idea de cómo llegó hasta ahí aunque tampoco importaba demasiado en esos momentos, en lo que parecía ser su final. El asesino trajinaba a su alrededor, conectó un sistema de aspiración de aire, probó desagües, colocaba útiles, herramientas; el hombre percibía el penetrante olor del formol y tras sus párpados la poderosa luz de la luminaria que sobre él se encendió. Ladeó la cabeza abrió los ojos y vio una pila de acero inoxidable anexa que supuso serviría para el lavado de órganos, cerca una figura con bata verde se afanaba colocando bisturís, tijeras, pinzas, un martillo, un cincel, lo que le pareció una sierra vibratoria, y entre otros instrumentos, pesos y una balanza. Se le acercó y le miró detenidamente el ojo levantando su párpado, no lo conoció, imposible reconocer a alguien tras unas gafas ataviado como un cirujano con bata, mascarilla, guantes y calzas desechables. Mientras le examinaba el ojo preguntó en un susurro que quién era, que cuál era el daño por el que se le castigaba, dijo que era lo único que le interesaba saber, que no rogaría perdón ni suplicaría por su vida.&lt;br /&gt;El otro se descubrió y él buscó en la memoria sin encontrar nada. El rostro era el de una desconocida, la cara amable de una mujer de mediana edad que lo miraba fijamente viéndose reflejado en sus brillantes pupilas ya casi como un cadáver&lt;br /&gt;–¿Por qué usted? – la voz modulada, amable le produjo escalofríos y miedo extremo – Comienzo a practicarle una autopsia en vida – El hombre notó perfectamente que la incisión en su piel tenía la forma de una gran T, un corte de hombro izquierdo a derecho bajo las clavículas y desde la mitad el corte en perpendicular hacia abajo respetando el ombligo hasta la sínfisis del pubis. A partir del tórax la mujer levantó un poco la pared abdominal para no lesionar las vísceras abdominales, después cortó a cada lado transversalmente en la parte inferior del abdomen.&lt;br /&gt;– Pero ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? – repetía el hombre.&lt;br /&gt;La mujer apartó la mascarilla y moviendo la cabeza de un lado al otro respondió con el tono cansino y casi musical de una niña:&lt;br /&gt;– Por ser Escorpio, por vivir en una casa de número impar y por ser zurdo – volvió a colocarse la mascarilla y procedió a la extracción de la parrilla costal. El hombre antes de desmayarse exclamó:&lt;br /&gt;– ¡Que Dios ayude a mi pobre alma!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-4708105377926224321?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/4708105377926224321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=4708105377926224321&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/4708105377926224321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/4708105377926224321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2010/03/ad-notitiam.html' title='Ad Notitiam'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/TA-ETf1M1zI/AAAAAAAAAM8/smOx77JmVv0/s72-c/P3250037.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-5435224606590592808</id><published>2010-01-10T18:46:00.004+01:00</published><updated>2010-01-10T18:50:18.035+01:00</updated><title type='text'>HEURÍSTICA DEFAULT</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/S0oTMzjmzgI/AAAAAAAAAK8/3G3s9L6RWig/s1600-h/1chema-madoz.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 266px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/S0oTMzjmzgI/AAAAAAAAAK8/3G3s9L6RWig/s320/1chema-madoz.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425169811840093698" /&gt;&lt;/a&gt;Ése fue el descubridor; uno cualquiera, qué más da. Nadie habría podido escribir el cuento, la historia de esta pesadilla absurda, si es que hubiera quedado alguien con arte para contarlo, con capacidad o con ganas para escribir. Comenzó así en una tarde como en otra tarde cualquiera, qué más da, otro atardecer igual que los miles de millones que se sucedieron hasta entonces con la única diferencia que en éste se engendró el principio del mal, o del bien, no se sabe, en todo caso dio comienzo el concluyente final de todos los finales, el absoluto fin terminante de todo lo que hasta entonces se entendía o intuía por humanidad porque desde entonces no hubo más entendimiento e intuición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, uno cualquiera, qué más da, pasea junto a un perro por cerros cercanos a alguna población mientras el sol declina oscureciendo el sendero, súbitamente presiente una desgracia extrema y siente un golpe de pánico, se detiene, mira a su alrededor y cede a una voluntad extraña, al empuje de un impulso ajeno que lo obliga a adentrarse en la espesura vegetal, observa con atención a cada una de las plantas que encuentra sin saber por qué hasta llegar a una planicie que parece protegida por la enmarañada muralla baja que troncos, tallos cenicientos y arbustos ennegrecidos han entretejido; con lascas de piedra rubia se cubre el suelo formando la perfecta circunferencia de roca suelta cuyo eje es ocupado por la más asombrosa planta que jamás vio ojo alguno hasta entonces. A su redor nada se levanta, ni una brizna, ni un brote de vida. Es un sagrado centro de atención universal, un pozo, un agujero, la matriz del TODO. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos rayos del sol viejo apenas doran ya la cresta de los árboles más altos y el herbaje cercano sucumbe en la oscuridad, todo se va apagando pero no la pequeña planta que no necesita la luz del astro padre-madre para mostrase, al contrario, luce más viva, con más color en la oscuridad atrayendo toda la atención al emanar su propia energía luminiscente. El hombre, ya irremediablemente perdido, sin ninguna precaución, dirige la mano derecha hacia ella sintiendo un ligero hormigueo en la palma que va convirtiéndose en calor intenso según va acercándose a las miles de microscópicas flores con pétalos de negrura intensísima que absorben toda la energía radiante que incide sobre ella. La superficie mate de sus corolas refleja tan sólo el 0,04 % de la luz visible, 100 veces menos que la pintura negra convencional emitiendo al tiempo miles de pulsos sincrónicos de color brillante en una especie de respiración o palpitación de criatura fantacientífica. El hombre es obligado a injertar la planta a su existencia y llora mientras inca su cuchillo de monte trazando una circunferencia fácilmente pues la tierra apenas ofrece más resistencia que la de un queso blando, sabe que lo que está haciendo es peligroso, puede que fatal para su salud pero aun así sigue hasta completar el círculo, después introduce inclinada la hoja del cuchillo apalancando sobre la superficie hasta que la escasa raigambre de la tecnoplanta se libera del mineral sin un solo grano de tierra entre ella, después la cubre con un pañuelo y regresa a su hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No mucho tiempo después, ahí mismo, en la casa del descubridor, uno cualquiera, qué más da, un policía sube la persiana iluminando el cuarto en el que se encuentra junto a el cerrajero, los paramédicos, el vecino, no entendiendo ninguno de los presentes la realidad que observaban pero intuyendo todos algo parecido a un punto final. Imaginarse un edén en miniatura podría asemejarse a lo que contemplaban. Echado sobre el sofá aparece el cuerpo del descubridor con la apariencia de una frondosa cordillera vista desde las alturas; de todas sus partes surgen finas raíces que alargándose por el piso llegan hasta paredes, al techo, convirtiéndolos en una tupida selva. Nadie olió nada. De entre los sobrenaturales tonos verdosos y de las diferentes texturas vegetales que cubrían por completo la habitación brotaron inmediatamente ante sus ojos los renuevos de unas pequeñas plantas con microscópicas flores de corola negra, sus pétalos, a los que habría que buscar una nueva palabra para definir su negro non plus ultra absorben como un rosal la luz de sol el pensamiento de todos los presentes colonizando el interés general, las emociones, la voluntad, toda la energía radiante de los que absortos en sus pulsos sincrónicos de color brillante se vaciaban en el negro profundo disolviéndose durante horas en una contemplación hipnótica igual que cuando se mira la llama viva al amor del hogar en una noche fría. Seres humanos insustanciando sus vidas en el plácido gozo de la mera visión entregándose enteros a algo que parecía significar mucho y que no era nada más que el artificio de una realidad irreal que metamorfoseaba, la verdad, lo genuino, todas las potencias humanas en una única corriente de masificación universal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre echado sobre el sofá, el descubridor; uno cualquiera, qué más da, habló con plácida quietud absorto en la contemplación de su vacío, dijo: La naturaleza es el TODO. En su esencia, el TODO es incognoscible. Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. Nada reposa; todo se mueve; todo vibra. Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración, dejaos llevar, no vayáis contra corriente. La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de vibración en vibración. La conformidad es la sabiduría, la totalidad es la perfección. El TODO crea en su mente infinita, innumerables universos, los que existen al mismo tiempo, y así y todo, para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un millón de universos no significa más que el tiempo que se emplea en un abrir y cerrar de ojos. Mirad la luz que no deslumbra.&lt;br /&gt;El policía, fue de los primeros en tener una en su domicilio, al instante, su mujer y sus hijos tan fascinados como él cenaron en silencio por primera vez en su vida alternado la vista entre el plato y la planta y en verdad la mente infinita del TODO les pareció la matriz del Cosmos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se dio principio al fin de la humanidad. Ya no quedan humanos en el errante grano cósmico que ahora, cubierto en su totalidad por una tupida raigambre neuronal interconectada, late al unísono en pulsión sostenida con la fuerza de un gran teracerebro de pensamiento único que ha convertido al planeta Tierra en la gran huerta de la Razón, paraíso de vegetoidólatras con un único Dios: la Biofísica, seres deshumanizados e interconectados que exentos de la fuerza de las pasiones forman el único y perfecto orden universal racional, la red univibracional, unipolar, donde miles de millones de seres juegan a diario en la ruleta en la que todos los números son iguales y nadie pierde, asociados en sustancia a los miles de millones de plantas negras percibiendo cada uno en su meollo el lazo que los ata a la perfecta comunión de la uniformidad, comulgantes en festines sosegados. &lt;br /&gt;La acción proselitista de los botánicos primero y de los políticos después aceleró el proceso de propagación de la norma definitiva del nuevo universo mental que avanza hacia el retroceso, regresando a la pureza biológica elemental con la alquimia mental de aniquilación de la personalidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la última planta al fin llegó hasta el último humano los miles de millones de pacíficos paraísos comenzaron a viscosear transmutando la blandura de su sobrenatural verde al negro profundo de consistencia parecida a una costra asfáltica. La pureza se agotó en sí misma. La higiene mató a la salud. Todos los recuerdos al fin desaparecieron, no hubo más memoria, ni fe, todo se marchitó, dejaron de brotar las ilusiones, los sueños, la creación, la imaginación, el arte, murieron las pasiones, se secó la voluntad, el amor, la libertad, todo eso eran vejaciones para el alma, arrogancias del individuo. Todos los temores nacían de la incertidumbre, ahora todo está pesado y medido, se sabe todo lo que interesa saber. El planeta entero fue colonizado por la neoespecie vegetal que germinando en el entretenimiento, en la contemplación de los pulsos sincrónicos de color brillante acabó con todo lo humano en el planeta. La naturaleza es sabia, y los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El universo se desenvuelve como debe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Foto: Chema Madoz&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-5435224606590592808?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/5435224606590592808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=5435224606590592808&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/5435224606590592808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/5435224606590592808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2010/01/heuristica-default.html' title='HEURÍSTICA DEFAULT'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/S0oTMzjmzgI/AAAAAAAAAK8/3G3s9L6RWig/s72-c/1chema-madoz.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-406123037334891772</id><published>2009-09-22T14:06:00.003+02:00</published><updated>2009-09-22T17:23:56.843+02:00</updated><title type='text'>Hartos de Dios</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/Sri-FOgnFiI/AAAAAAAAAKs/mMDyxCISSHw/s1600-h/chema-madoz-2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 238px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/Sri-FOgnFiI/AAAAAAAAAKs/mMDyxCISSHw/s320/chema-madoz-2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384262351524927010" /&gt;&lt;/a&gt;El corazón golpeándole en el pecho como un puño sobre una almohada. Creyó morir a causa de la tremenda conmoción preocupándose por palmarla con esa ridícula expresión, con esa media sonrisa y con los ojos entornados de un colgado apretando un billete de lotería con ambas manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no fue su último día, se puede suponer que aun le quedaban muchos más que soportar, cada uno de ellos cubriendo de aburrimiento a la antigua tristeza que formaba parte de su existencia al igual que el lunar descubierto en la espalda durante la  infancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hecho de que el billete de lotería fuera el más remunerado de la historia no lo liberaría del profundo arraigamiento en la apatía, aunque es cierto que durante unos meses la fuerza del acontecimiento conseguiría rescatarlo de una vulgar cotidianidad, de la simpleza de míseras rutinas, la fortuna lo llevaría en volandas por los cielos de las fantasías cumplidas satisfaciéndolo todos los deseos en edenes donde el dinero es Dios y su poseedor el dueño de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sucede que al escritor no le merece la pena describir aquellas fechas porque siendo agotador para él para el lector puede resultar aburrido ¿quién no conoce alguna historia sobre algún nuevo rico? de alguien que de repente se hace millonario y que llegando a las costas de la felicidad descubre un mundo dichoso al que es necesario colonizar; afortunados que se instalan en paraísos que no saben cultivar limitándose a tomar posesiones y a hartarse el gozo tratando de apagar los ardientes recuerdos de las carencias, de las frustraciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al cabo de algún tiempo el protagonista, si fuera listo, se convertiría en algún tipo de robinsón complacido con sus pertenencias que ya no espera el barco de las provisiones, con eso que tanto se echa en falta en esas cumbres: la verdad, lo auténtico, el desinterés; si no fuera listo probablemente arruinaría el territorio, habría secado el vergel y en el vacío de la pérdida soñaría desesperadamente con el barco del regreso a su antigua vida, a las rutinas vulgares, a la sencillez de la existencia minúscula. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escritor, ya está dicho, no desea escribir una historia repetida una y mil veces, historias de libertos que se limitan a pastar entre sus riquezas, historias de los que añoran el yugo, a la tranquilizadora irresponsabilidad del esclavo, a las cómodas dimensiones de las verdades aparentes, a la confortable residencia en las tradiciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escritor le gustaría escribir la maravillosa historia de un navegante que no tiene temor a sufrir un nuevo naufragio, la de alguien que con pulso firme, día a día, va perfilando el mapa de sus emociones; escribir sobre el que podría ser el único ser humano libre del planeta, de ése que se conquistó a sí mismo antes de conquistar el mundo, de ése que nada teme, que nada desea; escribir, por ejemplo, sobre un hombre que abandonó su casa dejando las puertas abiertas y que después de enterrar su oro dibujó cien mapas verdaderos lanzándolos a cien aguas diferentes en cien botellas iguales con la esperanza de encontrar al menos a un soñador digno de su riqueza; escribir sobre alguien que se deshace de su fortuna entregando fajos de dinero en los aeropuertos intentando insuflar aire en las velas del auténtico viajero, de ése que prefiere seguir adelante, hacia el futuro, en lugar de regresar a su pueblo para dormir al calor del dinero oculto en su colchón; pero… aunque parezca que el escritor es todopoderoso, que en sus fabulaciones hace y deshace, que como único Dios de su universo puede crear infinitos mundos, a veces, las criaturas, sus personajes se revelan, porque no creen en ningún dios, porque ni siquiera creen en sí mismos cuando el lector no los descubre. Así podría ocurrirle al hombre agraciado con el mayor premio de la historia de la lotería mundial, y puede que fuera por eso por lo que se reveló contra su creador haciendo pedazos el billete para no tener que conquistarse, para no tener que abandonar su casa dejando las puertas abiertas, para no tener que enterrar tesoros y repartir fajos de billetes en los aeropuertos tal y como le gustaría escribir a Dios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces ocurre así, los personajes se revelan, obligan a escribir al escritor su verdad, su propia historia, en la que generalmente no quieren ser protagonistas de nada porque están hartos de los excéntricos caprichos de la fortuna, de los inconmensurables sucesos, de gestas heroicas, de las tremendas exigencias de sus creadores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mayoría, simplemente quiere que el escritor escuche sus oraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Foto: Chema Madoz&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-406123037334891772?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/406123037334891772/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=406123037334891772&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/406123037334891772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/406123037334891772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2009/09/hartos-de-dios.html' title='Hartos de Dios'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/Sri-FOgnFiI/AAAAAAAAAKs/mMDyxCISSHw/s72-c/chema-madoz-2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-7201574100099761437</id><published>2009-07-04T10:12:00.005+02:00</published><updated>2009-09-22T14:08:24.594+02:00</updated><title type='text'>Pésames ingrávidos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SrijySasHxI/AAAAAAAAAKk/cnaDK3xFUII/s1600-h/chema-madoz-01.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SrijySasHxI/AAAAAAAAAKk/cnaDK3xFUII/s320/chema-madoz-01.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384233438853996306" /&gt;&lt;/a&gt;Murió como generalmente se muere en los hospitales, en soledad, sin dolor. Lo último que reconocieron sus sentidos fue un anuncio publicitario en el que una figura popular se presenta como periodista y madre alquilando su verosimilitud a una fabrica de productos lácteos que asegura ayudar a las defensas del organismo humano gracias a los beneficios de sus bacterias patentadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un ser de genio dócil, amable, hizo muchos amigos, tuvo algún que otro adversario pero jamás un solo enemigo declarado. Amó a casi todos sus amantes aunque reservó lo mejor de sí para los hijos complaciéndose con su presencia mientras estuvieron a su lado, después, los triunfos de cada uno de ellos le siguieron colmando de felicidad y orgullo. Su última pareja falleció repentinamente y apenas tuvo tiempo para sentir algún vacío pues aún permanecía su olor entre la ropa del armario y parecía resonar el eco de sus palabras en la casa. Empaquetó, poco antes de ingresar en el centro hospitalario, las más valiosas posesiones de su cónyuge muerto apilando las cajas en el sótano; álbumes de fotos, discos, libros, vídeos, cartas de amor; todo tan fresco durante unos instantes y tan rancio durante años; gloriosos testimonios que justificaban una prestigiosa existencia; diplomas, certificados, escrituras de propiedad, pasaportes; se pudrirían ahora en la húmeda oscuridad de un rincón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien le despojó de la bata del hospital, alguien le vistió sus propias prendas, alguien maquilló su cara, alguien introdujo el cuerpo en el féretro de caoba alquilado, alguien lo trasportó hasta la sala refrigerada destinada a las exposiciones cadavéricas donde lucía impecable al otro lado del gran cristal, frontera que separa a los muertos de los vivos en los tanatorios, una urna con ventilación independiente y termómetro indicador visible desde el exterior que marca cero grados. Encerrar a la muerte al otro lado; aparecer como durmientes en el escaparate de una floristería, rodeados de ofrendas, de hermosos arreglos florales; ramos lujosos, coronas fúnebres que intentan compensan con sus colores y aromas la espantosa putrefacción contenida en tan funesto receptáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada de condolencias para sepelios estándar, a nuestro fiambre se le vela en un tanatorio premio Nacional de Arquitectura en el que la prestación de los servicios contratados hace especial hincapié en la atención a familiares y amigos disponiendo para ellos de un oratorio multiconfesional, así como de servicio de cafetería, restaurante, parking público, venta de féretros, lápidas, floristería. Un confortable centro comercial de la muerte que ofrece servicios como asesoría jurídica, asistencia psicológica, esquelas en periódicos; diseño de recordatorios; obtención de certificados oficiales, tramitación ante los organismos del estado: Seguridad social, pensiones, últimas voluntades, y, por supuesto, tanatopraxia, para que los conocidos puedan ver por última vez con una apariencia natural y tranquila a su pariente intentando hacer que la situación sea algo menos traumática; aunque todos los muertos son feos porque la muerte es espantosa; por eso a casi nadie le gustan los funerales ni los entierros; por eso únicamente lunáticos o psicópatas descubren belleza y paz en las funerarias, en los ecos de los llantos cada vez más escasos; por eso se oculta a la muerte; por eso pagamos a extraños para que se encarguen de los restos de nuestro padre, de nuestra madre, de nuestros hijos, de nuestro seres queridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sala contratada está vacía esperando la llegada del primer visitante. La música, composiciones elegidas de un prestigioso catálogo, comenzó a sonar por altavoces camuflados desde su apertura un par de horas atrás. En una gigantesca pantalla aparecen instantáneas del ser humano que está en el ataúd tras el limpio cristal. Imágenes en que se aprecia una evolución vital, caras felices, sonrisas, abrazos; siempre en compañía, en la playa o sobre la nieve de las montañas. La inexpresividad del cadáver contrasta con la viveza de su cara en las fotografías que aparece feliz casi siempre abrazando a alguien, compañeros de trabajo, amigos, vecinos, hijos, a su pareja, a cualquiera, a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La amplísima habitación genera quietud y serenidad. No aparece ningún símbolo religioso. Una agradable temperatura, los colores neutros, cremas, beige, marrones, procuran sensación de tranquilidad, el negro está prohibido, el luto, no se manifiesta. La iluminación, el mobiliario inducen a la calma. Es un espacio acogedor diseñado con todo lo necesario para que el adiós de los vivos resulte lo más agradable posible. Se aprecia la profesionalidad, la eficiencia del personal en cada uno de los detalles, la atención personalizada que se oferta las 24 h. los 365 días del año, como la realizada por el agente asignado que acudió al centro hospitalario para hacerse cargo del cuerpo y los trámites.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, el más ancestral de los ritos se procura discreto, amable, contenido. Obviar a la muerte en una vida orientada al placer de eso se trata, ignorar la pena, al terror existencial impregnado en todos los átomos de todos los seres vivos; disimular al muerto entre flores; mirar en la pantalla el vivo color de su sonrisa; por qué sufrir una fea realidad que manchará vuestra memoria; son los atrasados, los pobres, los que no puedan pagar el servicio los condenados a vivirla; vosotros podéis contratarlo; os merecéis espacios y protocolos que os seden el alma confeccionándoos bellos recuerdos y donde prime la comodidad para los que veláis al muerto, salas individuales que preserven la intimidad, aseos, duchas con un diseño más propio de un hotel que desdramatizan el acontecimiento. Evadir la muerte, esconderla como a una horrible verruga tras un hermoso decorado. Una cultura neopagana que no cree en una vida después de la muerte tiene consiguientemente que buscarla antes de que ésta llegue deseando que sea durante el profundo sueño y tan amable de nos despertaros en un último sobresalto. Ser considerados, procurar dejar un hermoso cadáver, un elegante cuerpo inerte digno de admiración ante el que apenas se derrame alguna lágrima, lejos del mal gusto de la incontinencia emocional y su insoportable resaca.&lt;br /&gt;La banda sonora finaliza pero al cabo de unos segundos vuelve a sonar desde el principio; han pasado cuatro horas; en la pantalla, el bucle de imágenes sigue mostrando afectos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaso una hija mayor se encargara de contratar los servicios aunque no pueda asistir al funeral porque como miembro de alguna ONG en algún Hospital Infantil de Tubinga su trabajo sea indispensable y su ausencia desencadenante de algún colapso; otro hermano podría estar disfrutando de una a beca para artistas visuales en Nueva York o en París preparando una primera exposición que fatalmente coincida con el fallecimiento siéndole imposible postergar la misma; sería el encargado de esparcir las cenizas tras la incineración según deseo del finado, aunque dada la imposibilidad de asistencia puede que contratara el servicio con la funeraria dando indicaciones del lugar donde esparcirlas; puede ser que tengan otro hermano al que haya sido imposible localizar, quizá un sacerdote de los Misioneros del Verbo Divino que misiona en la lejana Australia. Seres solidarios comprometidos con sus semejantes que trabajan incansables por una vida mejor para todos los seres humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra pantalla más pequeña van apareciendo pésames ingrávidos, condolencias y excusas recibidas por internet y telefonía; cientos de mensajes dolientes, postales electrónicas ilustradas con puestas de sol, lagos y altas cumbres llegan desde distintas partes del mundo. Al fin, la puerta se abre, aparece un hombre con una guitarra, echa un vistazo a su alrededor y no se sorprende al encontrar la sala vacía, mira su reloj y después a una mesa en la que se presenta un surtido tentador servido por una prestigiosa empresa de catering; se resiste a probar bocado, es un profesional; desenfunda la guitarra, carraspea e inmediatamente comienza a cantar alguna canción favorita de la persona difunta, puede que 'Let it be' de The Beatles; ni en una ocasión mira al interior del ataúd y cuando termina sale inmediatamente cerrando la puerta despacio. Han pasado muchas horas, casi todas; la inasistencia a sus honras fúnebres deshonra al cadáver aunque quizás le realicen el mayor homenaje posible desde la lejanía olvidando sus ofensas, sus carencias, dejando su nombre limpio de ellas en la memoria de todos los ausentes. Nada más; una vida completada; alguien que debió morir hace mucho tiempo; nada fatal; tuvo suerte falleciendo mucho después de que murieran sus ilusiones, ya no deseaba nada, ni siquiera un día más de vida; si acaso, deseó en el último instante estrechar una mano querida, porque eso sí es triste, eso es lo verdaderamente triste; morir solo en la habitación de un hospital; a pesar de haber sido un ser amable, tolerante, respetuoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La empresa cuenta con expertos directores de eventos y a la mañana siguiente entra el asignado a la familia dando órdenes a los asistentes. El cadáver, las flores, se retiraron de la cabina y no hubo que limpiar los restos de ningún beso en el cristal. Siguen llegando condolencias con muestra de poemas y textos relacionados con el fiambre, los altavoces siguen repitiendo la misma música, se ultima el homenaje, el adiós, ya empezó a olvidarse todo lo que esa persona fue o representó, todo lo que hizo o dejó de hacer; así hasta dejar de existir definitivamente con el último recuerdo del último ser vivo que nos conoció. Un operario desconecta las pantallas, apaga las luces y retira su nombre del panel de anuncios; la sala queda limpia, silenciosa, preparada para un nuevo servicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Olvidamos, pero cuando parten los que nos conocían nos dejan más solos y si se puede contar más conocidos muertos que vivos el fin no está muy lejano. Se es inmortal hasta ver al primer muerto, entonces se reconoce que algún día alguien dejará una flor sobre nuestro féretro con gesto recogido y sintiéndose culpable por no sentir dolor alguno, igual que te ha pasado o pasará a ti, porque desde niños nos blindan contra el sufrimiento y si nos sedan los dolores físicos, por qué no sedar los del alma; la muerte no se puede evitar pero el sufrimiento sí; la pena poco a poco está siendo desterrada en los entierros hasta llegar a convertirlos en una fiesta; se trata de pasar rápidamente la página de la tragedia para regresar de inmediato al confortable refugio de la rutina, al consumo de microdosis de alegría y felicidad porque no hay mayor dolor que el de no poder consumir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incinerar inmediatamente a los muertos, sus cenizas no tardarán en perderse entre el polvo de los remordimientos, liberaos de los tributos al dolor, de esos homenajes ante las tumbas que encierran los cuerpos corruptos de seres queridos, tan corrompidos como la mayoría de los individuos ultra-estandarizados que perdieron sus instintos domesticados por los medios, sometidos a todo tipo de influjos consumistas y obsesionados con el poder adquisitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la incineración fue encargada una urna ecológica para las cenizas, compuesta de sal marina se diluye en el agua en 30 minutos sin dejar residuos. La gratificación extra no fue motivo suficiente para que el empleado de la funeraria cumpliera el encargo y en lugar de arrojarla al mar según las indicaciones, se deshizo de ella en una alcantarilla cerca de unos grandes almacenes donde quería aprovechar el último día de rebajas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Foto: Chema Madoz&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-7201574100099761437?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/7201574100099761437/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=7201574100099761437&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/7201574100099761437'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/7201574100099761437'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2009/07/pesames-ingravidos.html' title='Pésames ingrávidos'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SrijySasHxI/AAAAAAAAAKk/cnaDK3xFUII/s72-c/chema-madoz-01.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-7059694305745180559</id><published>2009-05-22T18:06:00.002+02:00</published><updated>2009-05-22T18:16:36.790+02:00</updated><title type='text'>De las personas con olvido</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/ShbPiwFbXAI/AAAAAAAAAKU/MFuVT-Gv37I/s1600-h/P4070017.JPG"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 230px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/ShbPiwFbXAI/AAAAAAAAAKU/MFuVT-Gv37I/s320/P4070017.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338682604224470018" /&gt;&lt;/a&gt;De repente, el silbante viento aparece peinando los mechones del juncal y riza la superficie del charco en la que una anciana se miraba hasta entonces como en un espejo. Levanta despacio la vista al camino, después, al cielo; las nubes pasan raudas como si fueran un archipiélago aéreo; ajironan con sus blancos el profundo azul del cielo. Por entre ellas se cuela un haz de luz que cae sobre un húmedo campo de tierra rubia salpicado con los verdores de los árboles, de los matorrales, y también con el granítico volumen de los inamovibles peñascales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer permanece sentada, casi recostada, sobre la arena húmeda que bordea el charco. En el gris de la cabellera despeinada se evidencia el paso de sus muchos, muchos años. Los sucios mechones se los sujeta tras las orejas dejando al descubierto una frente amplia con algunas manchitas marrones y cruzada de lado a lado por finos surcos, por arrugas que parecen zigzagueantes culebrillas paralelas. Le desaparecieron las cejas y los ojos se le hunden en las cuencas, los párpados sin pestañas no cercenan la perfecta circunferencia de sus iris; de los brillantes discos verdes que permanecen inmóviles enfocados a la lejanía, mirando a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El azulado claroscuro de la cercana sierra le cierra el horizonte a la ondulante campiña recosida con el óxido de los alambres de espino y trazada de lado a lado por el cableado de las líneas de transmisión eléctrica. Una confiada liebre sin reparar en la mujer cruza el camino olisqueando la tierra; una golondrina garabatea en el aire con su nervioso vuelo antes de planear durante un instante sobre el charco y desaparecer; la señora ve a tres jilgueros aleteando sobre el barro más blando y antes de poder contarlos desaparecen jubilosos lanzando trinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una risa estrepitosa brota de su boca; de igual forma, para de reír, en su rostro reaparece un rictus que manifiesta un estado de ánimo angustioso. Dejó en silencio a los campos, parece que incluso el aire cesó ante las carcajadas descompuestas de su risotada. Vista desde lejos, la inmovilidad del avellanado cuerpo cubierto con un blanco camisón estampado parece cualquier cosa menos una persona o una amenaza; las aves no tardan en reanudar los cantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La octogenaria enferma, sola, deambulando por campos desconocidos es una imagen que provocaría angustia moral a cualquier espectador, aunque la senectud desvalida; la perturbación de la razón; el desamparo; no impiden a esa mujer ser intensamente feliz en esos mismos instantes, aunque ella no sabe que es feliz en ese instante; no lo sabe, porque no sabe nada;, porque olvidó todo, por eso es feliz; a pesar del rictus de angustia que le dejó el alma marcado en el rostro; con la pureza de un animal, es feliz, plenamente feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elevándose tras la sierra, pareciendo salir de un volcán, aparecen nubes más blancas y altas que las que pasan sobre su cabeza aligeradas por el vigoroso viento. Un jilguerillo se posa sobre el alambre de una cerca, su nervioso coleteo le confunde la vista mezclando el amarillo, el rojo y el negro de sus plumas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anciana está perdida desde hace muchos años; se fue perdiendo en su casa, después en residencias y hospitales, perdida entre rostros irreconocibles, confundiendo palabras, recuerdos, afectos. Supervisada por desconocidos que rigen su existencia imponiendo rutinas y que no paran de hacer preguntas estúpidas ¿en que se parecen una pera y una naranja? Aún así, necesita a esas personas porque desaprendió a vestirse, a alimentarse, a hablar y empezó a alucinar. Dulces alucinaciones que en su amarga existencia son más verdad que la realidad que le rodea. Vio el tintero abierto de su infancia sobre la mesita de noche en la habitación de la residencia, reflejándose la luz de la bombilla como una ondulante luna sobre la superficie de la negra tinta; vio a su madre pelando patatas a los pies de la cama y acarició al gato que murió atropellado por un tranvía setenta años atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los espinosos cardos se esfuerzan en mantener su digna verticalidad y parecen más dignos que el flexible junco vecino pero las impetuosas rachas los hacen tiritar y parece que es de miedo ante la invisible fuerza del viento. Un cernícalo, a unos metros de altura sobre el terreno, en vuelo estacionario, casi inmóvil, espera avistar alguna presa entre un macizo de florecillas silvestres; las sombras de las dispersas nubes se perfilan y pasan como manchas de vaca sobre la inmensidad de los campos. A ratos el viento cesa permitiéndole escuchar los pajareros cantos y no muy lejos, sobre la hierva que bordea el camino, descubre a una perdiz inmóvil confundiéndose con las piedras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer ahora no alucina, pero no sabe que no alucina, porque la mujer no sabe nada. No sabe como llegó hasta ahí caminando descalza, que se perdió y que estando tan cerca de la residencia parece imposible que nadie la haya descubierto. Ella ahora, al igual que en su infancia se siente una con la naturaleza. Una cosa sola que se dispersa y que está en todas las partes y en cada una de las cosas que le rodean. El suelo sobre el que se recuesta, los pájaros, las plantas, constituyen la totalidad del mundo y siente como un animal, porque es un animal, porque ha recuperado la esencial libertad primaria que consiste simplemente en ser; en olvidar; en vivir sin comprender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Descubre el pequeño tatuaje que lleva en uno de sus pechos desde hace sesenta años, un pequeño corazón flechado y con dos iniciales que es incapaz de leer; después baja la vista hasta llegar a la larga cicatriz que le cruza el vientre, la recorre lentamente con la yema de uno de sus dedos y acaba justamente en el momento en que un pato oculto levanta vuelo hacia el norte; el estrepitoso aleteo aviva el pulso de la anciana que se inclina sobre el charco y bebe como un gato. No es más que una mujer que estuvo presa en la red de actividades rutinarias de lo que los seres humanos entienden por vida aunque ya no recuerda que es una mujer, que es un individuo único e irrepetible al que le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con amor y el miedo a la nada. Por eso es feliz, por eso su estrepitosa risa resuena de nuevo por el campo cuando ve su ajada cara reflejada en la superficie del agua serena. Se ha convertido en niña, es pura, es una despierta. Perdió la palabra, la razón, la moral, la virtud. Su alma murió antes que su cuerpo: así, pues, no teme ya nada &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡es libre! ¡es la demencia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-7059694305745180559?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/7059694305745180559/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=7059694305745180559&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/7059694305745180559'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/7059694305745180559'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2009/05/de-las-personas-con-olvido.html' title='De las personas con olvido'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/ShbPiwFbXAI/AAAAAAAAAKU/MFuVT-Gv37I/s72-c/P4070017.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-6420643402492355806</id><published>2009-03-14T21:36:00.008+01:00</published><updated>2009-04-02T10:06:33.437+02:00</updated><title type='text'>Héroe de marzo</title><content type='html'>En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el perro me lo propuso supe que había llegado mi hora, que habría de morir en poco tiempo por deseo de Alá. Juro que al saberlo sentí paz, que no tuve ningún temor y que por fin dejé de soportar el fatigoso peso de mi pecadora existencia. Me dijo que todo estaba perfectamente organizado, que yo correría pocos riesgos ganando mucho dinero. Supongo que pensaba que era lo que yo que quería oír: dinero. Pero el perro se equivocaba; en realidad lo que yo deseaba escuchar es que sería un héroe, un ejemplo para los míos, pero él remarcaba lo del dinero, hablaba de montañas de dinero para mí y para otros pensando que era lo mejor que podía decir a los que nos dedicamos a la briba, a un haragán, a una escoria social como era yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SdOQSj38n4I/AAAAAAAAAJg/rrz7_GEVBgc/s1600-h/mochila.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 213px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SdOQSj38n4I/AAAAAAAAAJg/rrz7_GEVBgc/s320/mochila.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5319754233396633474" /&gt;&lt;/a&gt;A esa hora la luz del sol entraba por el escaparate evidenciando la suciedad del cristal y dándonos de pleno nos hacía guiñar los ojos aunque por aquellas frías fechas se agradecía el calorcito. El perro hablaba repanchingado en una de las sillas tapizadas con skay rojo del mismo bar donde me dio el soplo de un alijo muy fácil de robar, donde me habló del despreocupado representante de joyería, en fin; era mi informador y yo era su soplón. Allí, en aquel pequeño bar le chivaba aquello que me interesaba que supiera de mis competidores, de esos arrastrados con los que a sangre me disputaba el barrio. Sentados a esa misma mesa le di el nombre del que apuñaló al agente municipal, del que robó el coche del diputado; de la verdadera historia del secuestro del hijo maricón de la concejala del distrito. Fue él quien me convirtió en el rey de la zona más podrida de la ciudad, o mejor dicho, me convirtió en el virrey porque el rey era él, el amo y señor era él; un dios en el que era imposible creer pero que podía acabar con cualquiera de nosotros con tan sólo señalarle con uno de sus jodidos deditos. A pesar de las sospechas jamás se demostró que fuera policía, lo que sí estaba claro es que era un tipo poderoso, que estaba blindado por otros aun más poderosos y que sabía demasiado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ya he dicho, cuando en esa mañana me informó del asunto supe que estaba muerto. Nadie sale con vida de un negocio así implicándose con tipos como el perro como podría imaginarse cualquiera con dos dedos de frente aunque siempre hay idiotas sin dos dedos de frente tal y como él supondría que lo sería yo. Mientras hablaba de euros, de fajos de euros, yo lo miraba como si mirara la soga con la que habrían de colgarme comprendiendo que ya era una pieza quemada para él, para ellos; para los que fabriqué cientos de historias de infamia que al fin se remataban así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No quiero dinero; quiero redención, quiero ganarme el paraíso –dije.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorprendido preguntó que de qué coño de paraíso hablaba, porque hay muchos paraísos y que se trata de saber cual es el que le corresponde a cada uno. Callé la respuesta, no quise decirle que me ahogaba en el fangoso deshonor de mi existencia, que desde niño anhelé protagonizar un acto heroico que me librara de un destino marcado elevándome sobre la inmundicia de la que siempre estuve rodeado. Esperé la gran ocasión de mi vida para ponerme a prueba y demostrar al mundo que no era solamente un narcotraficante, un chapero; que en lo más profundo de mi ser germinaba la pureza, la semilla de un héroe que tras tantos años de oprobio tenía al fin su oportunidad para ser admirado, respetado; y eso para mí; más que un deseo; era una necesidad. Por eso sentía paz sin ningún temor; el perro sin saberlo me brindaba la ocasión, el acto heroico, la hazaña con la que purgaría mis pecados y que me redimiría ante mis venerables antepasados, con mi familia, con mi religión, con mis gentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sanguijuela fumaba exhalando humo y halagos. Comprendió que le convenía cambiar su discurso para tentarme mejor y se dedicó entonces a envanecer a mi pequeño ego; dijo que se alegraba por fin de descubrir en mí a un verdadero musulmán, a un ser humano con principios aunque atrapado en el apestoso mundo del lumpen; dijo que podía llegar a comprender el odio que sentíamos muchos de los de mi religión contra la arrogancia de los infieles europeos y americanos, que olvidados de su propia fe aplastaban al pueblo de Alá arrasando países con ansia materialista, con la avaricia del mercader por el beneficio del petróleo. Todo lo que decía el perro era basura, igual que él, pero aun así doy gracias a Dios por presentarme al infiel en mi camino de dolor hacia la salvación. Pasara lo que pasara yo ya estaba agradecido. Si Dios me predestina la cárcel, diré lo que dijo el Shaykh Ibn Taimiyya: “¿Qué podrán hacer conmigo mis enemigos? Si me encarcelan será para mí un retiro, si me destierran será un viaje, y si me matan seré mártir”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanté la mano y calló. Yo sabía que en ese momento me podía permitir el lujo, la arrogancia, que no me plantaría un puñetazo en los hocicos como habría hecho en otra ocasión sin dudarlo ni un instante, pero ahora me necesitaba tanto, debía aguantar todos los desplantes que me apeteciera hacer, por eso yo tenía la mano levantada y él callaba. Noté que la rabia le hacía apretar los labios, aunque en realidad el perro no tenía labios; su boca era un pozo oscuro, una sajadura en la geta por la que expulsaba el humo y las promesas. Permanecí así con la mano en alto mirando a través del escaparate del pequeño bar. En la plaza reverberaba el sol y parecía que también reverberaba el fracaso de los que por ahí bullían; hormigas sin hormiguero que aparecerían y desaparecían por la desembocadura de las calles; delincuentes disimulando, putas del mediodía, el borracho regular, la cofradía de los politoxicómanos, el gremio de los trabajadores del desempleo, también ancianos sin delito viviendo en un presente inimaginable. Recuperó mi atención echándome el humo del tabaco en la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No quiero dinero –dije- lo único que pido es que cumpláis con lo que prometes, que se diga públicamente que soy un mártir, un fiel de Ala; un guerrero de la fe, un puto Ché islámico; que lo hice empujado por el odio que os tengo. Maldigo a este país de perros, a todos los que son como tú, a tus compatriotas. Quiero que se diga que yo soy la pena, el castigo a vuestra arrogancia. Juro por Alá, que no puedo soportar más el vivir en este mundo, humillado y débil ante vuestros ojos de infieles; que tengo miedo a que Dios me pida cuentas en el día del juicio y yo no tenga una excusa legítima para que pueda perdonarme. Por fin he dejado de seguir los extravíos de Satán, de humillarme ante el mundo entero que se ríe de mí, de nosotros. Yo maldigo a los tiranos y juro combatirlos con todas mis fuerzas. Pido a Dios que me facilite el martirio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, el que levantó la mano fue él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno bueno... no hace falta que me eches más sermones. Para de decir gilipolleces de una puta vez moro de mierda. Sólo quiero saber si estás dispuesto a colaborar, a hacer lo que se te pide, a poner la puta bomba donde se te diga. Me da igual que lo hagas por dinero o por tu puto Alá. Dime de una vez si tienes los cojones suficientes para hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le dije que sí buscándole la mirada tras el oscuro de las gafas, le reafirmé mi compromiso sabiendo que iba a morir utilizando a los que me querían utilizar tratando de convertirme en un terrorista suicida sin saber que me convertirían en un mártir. Al optar por el camino del yihad cesaron de repente los ecos de suicidio que desde hacía tanto tiempo resonaban en mi cabeza. Por eso sentí paz. Me hizo repetírselo otra vez y le dije que sí, que pondría el explosivo donde y cuando ellos me dijeran. Se levantó arrastrando la silla que sonó como el chillido de una fiera herida, arrojó el cigarro al suelo, dijo que alguien me llamaría para darme las órdenes y que no me moviera del barrio. Fue la última vez que lo vi. Mi vista lo siguió hasta que desapareció entre los que pululaban por la plaza. Permanecí un rato más ahí observando el blanquecino humeo de la colilla mientras era incapaz de encontrar otra alternativa a mi futuro que no fuera la de la expiación, la de la purificación por medio del sacrificio. Causé tanto mal que ya había gastado toda la autoestima intentando justificar las injusticias que cometí; deshonré a mi familia quebrantando nuestra Ley, cometiendo actos impuros; atenté tantas veces contra la bondad de Alá que se me hacía insoportable el pensar en vivir un minuto más de esta vida de pecado; mi único anhelo entonces era el ofrecer mi inmolación como súplica y que la religión triunfara al fin por la sangre. Volví a los Dichos del Profeta (Dios reza por su alma). Me aferré al Islam como yihad no como hasta entonces había hecho reduciéndolo a unas cuantas oraciones en la mezquita.&lt;br /&gt;Días después, un individuo me entregó un teléfono en plena calle sin decir palabra. El aparato sonó casi de inmediato, una voz me dio instrucciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaba a asomar la luz de un nuevo día de marzo cuando subí al vagón de un tren de cercanías. Tal como me ordenaron dejé la mochila con el explosivo bajo mi asiento protegiéndome de la vista de los que iban a morir tapando parcialmente mi rostro con una mano. No me atreví a mirar a ninguno de los que me rodeaban. Gente soñolienta que cumplía por última vez con su deber ignorando que en ese amanecer cerraron por última vez la puerta de su casa. Viajaba con ellos y yo los iba a separar definitivamente de sus madres, de sus hermanos, de sus hijos, de sus esposos, de sus mujeres; de todas esas personas que acabarían con el alma tan desmembrada como los cuerpos de los que ahora estaban a mi lado y que parecían conservabar el calor de sus camas. Fuera, la silueta gris de los barrios periféricos se recortaba sobre el horizonte anaranjado y de un cielo que se iba azulando. Me fue imposible el no fijarme en alguno de los rostros reflejados en el cristal de la ventana, casi todos eran jóvenes, ninguno hablaba, parecían dedicarse a enhebrar sus deseos en la realidad.&lt;br /&gt;El rodaje de las ruedas sobre la vía, el ligero vaivén, la calefacción complacían al pasaje hasta que llegando a una nueva estación las puertas resoplaban horriblemente y se abrían dejando pasar al frío y a nuevos viajeros. Yo me apeé en ésa, en la que me indicaron, nadie reparó en la mochila que dejé bajo el asiento. Juro que entonces yo invoqué a Dios pidiéndole las fuerzas que me facilitaran el martirio para unirme con los míos en el Paraíso, pero para mi vergüenza no tuve el valor de seguir en el viaje en el tren de los muertos y me bajé temblando como una mujer intentando ahogar las arcadas que me vidriaban los ojos con los que vi entrar el tren en la gran ciudad como si entrara el justiciero sable del Profeta en ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora indicada me dirigí al piso. Cuando llegué ya estaban todos. Ninguno era hermano en el Camino de Alá. Un perro me apartó a mí y a otros dos para grabar el video que reivindicaba los atentados. Te lo prometieron, me dijo, te dijeron que aparecerías como un héroe, cuando vean la esto lo serás para millones. Encapuchados, armados, a los otros los disfrazaron de yihadistas, yo era yihadista; estábamos tan ridículos con el Corán, la metralleta y llenos de cartuchos los bolsillos de los chalecos que si no fueran esos momentos tan dramáticos sería gracioso mirarse con esa pinta en un espejo como preparados para el desfile en un día de carnaval. Amenazamos con sangre y destrucción según lo escrito en el papel que nos hicieron leer. Después los perros se fueron y nos dejaron solos, nos quedamos ocho compatriotas en el piso. Permanecimos durante mucho tiempo en silencio, nos prohibieron hablar. Pasaron los minutos y algunos empezaron a cuchichear hablaban de dinero, de millones, de pasaportes falsos, de billetes de avión, de los explosivos que cada uno dejó en los trenes. Pasamos así más de veinte días, encerrados, casi en silencio, sin luz, comiendo la basura que nos traían y esperando dinero, yo era el único que esperaba la muerte, nada más; deseaba morir, por eso era el más paciente y cada día que pasaba me sorprendía el seguir vivo. Alguno habló de cargo de conciencia aun sin saber a cuantos habríamos matado, pero a mi no me pesaba ninguna de las muertes; me hacía más daño la muerte de mi honor que la muerte de los infieles a los que quitara la vida; no los maté por dinero, los maté por Alá, eso es lo que yo sabía y lo que al final contaba. No devolvería si pudiera la vida a ninguno de esos perros infieles; no me arrepiento de sus muertes, me arrepiento de de las ofensas que hice a Dios, por eso deseo morir, por eso soy un suicida que pronto morirá inmolado, como muere un héroe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente llegaron; eran dos hombres y una mujer, abrieron la puerta y nos pidieron salir del salón donde introdujeron un fardo de unos veinte kilos. Yo sabía que en ese fardo no había dinero ni pasaportes pero los otros no apartaban la vista de él calculando el peso de los millones. Cerraron la puerta y tras unos momentos salieron. Nos dijeron que no tocáramos nada hasta que llegara la persona encargada del reparto, pidieron un poco de más de paciencia. Nos hicieron pasar al salón y cerraron la puerta con llave, la única puerta blindada del piso. Me extrañaba que ninguno de mis compañeros sospechara que iba a morir en poco tiempo. Al rato, uno preguntó que por qué nos encerraban; que por qué había una puerta blindada en el salón; otro respondió que sería para evitar que huyéramos con el dinero; otro dijo que no había cerraduras ni cierres en ese fardo hermético, otro, que parecía pesar demasiado para ser el dinero. Entonces fue cuando empezamos a escuchar los gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el portal nos exigían rendición. Las voces decían ser de las fuerzas especiales de la policía, querían que saliéramos desnudos, con las manos en alto y de uno en uno. Cuando mis acompañantes comprendieron al fin que era una trampa y que estábamos perdidos comenzaron a maldecir, supieron entonces lo que yo sabía desde el principio; que no teníamos escapatoria. Decidieron entregarse y chillaron cuanto pudieron diciendo que no podíamos salir porque no teníamos llave, como locos intentaban abrir la puerta desde adentro pidiendo clemencia y que no nos dispararan, rogaban que vinieran a buscarnos, el que abrieran la puerta. La policía gritaba también desde abajo aunque yo no los entendía, entonces sonaron algunos disparos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos callaron y en ese instante de silencio yo dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Vosotros no sabéis dónde está el Bien. Eso es una bomba; la que os mandará al infierno. A mi no. Yo me sacrifico partiendo de mi total convicción y porque el Yihad es una obligación para los creyentes. Os confirmo que dejaré feliz este mundo porque no vale tanto como vosotros pensáis, y porque yo quiero encontrarme con mi Dios y que esté Él contento conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvieron a gritar, lloraban, maldecían pero después todos acabaron gritando al unísono: Alá es grande, muerte al infiel. De repente sonó un teléfono dentro del fardo, una única llamada antes de la explosión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora no sé donde estoy; si soy un héroe o un asesino; es tan poca la diferencia. Todo depende del dios al que se rece.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué la maldición de Alá caiga sobre los injustos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-6420643402492355806?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/6420643402492355806/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=6420643402492355806&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/6420643402492355806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/6420643402492355806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2009/03/heroe-de-marzo.html' title='Héroe de marzo'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SdOQSj38n4I/AAAAAAAAAJg/rrz7_GEVBgc/s72-c/mochila.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-4883349320440497932</id><published>2009-02-26T14:02:00.011+01:00</published><updated>2009-03-21T14:18:02.901+01:00</updated><title type='text'>Bosque de ensueños</title><content type='html'>El joven funcionario de la Jefatura Provincial de Tráfico se enamoró de la bella muchacha que esperaba el autobús todas las mañanas frente a una de las ventanas de su oficina. Nunca habló con ella, no conoce su nombre, ni su edad ni cosa alguna sobre su persona. Lo único que le importa saber es que es la mujer más hermosa que camina sobre el planeta; a sus ojos un ángel; una diosa; un ser casi divino que le cambió horas de sueño por horas de fantasía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaaTntrfZlI/AAAAAAAAAIQ/Is0kZVCYiRc/s1600-h/estrellasevilla1.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 291px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaaTntrfZlI/AAAAAAAAAIQ/Is0kZVCYiRc/s400/estrellasevilla1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307091521388897874" /&gt;&lt;/a&gt;Fue en una luminosa mañana del mes de mayo cuando la vio por vez primera causándole tal impresión que supuso que jamás podría olvidarla. Apareció repentinamente en la pequeña plaza donde estaba la jefatura y la parada de la línea P3 y al igual que el arco iris, su presencia era capaz de hermosear cualquier entorno. La plazoleta por entonces parecía preñada de vida, todo parecía germinar y brotar por doquier. El verde lustroso de los recortados parterres reflejaba la bendita luz de un sol complaciente mientras que en las acacias de flor blanca empezaban a verdear las abundantes hojuelas elípticas que brindarían su ancha y agradecida sombra durante el abrasador verano a los que transitan la glorieta de la olvidada ciudad provinciana. Desde ésa primera mañana esperaba sentada en el bordillo enladrillado que cerca el parquecito del centro de la plaza exponiéndose con agrado al sol tempranero que junto al aire fresco que circulaba a esas horas del mes de mayo le componían un fulgente halo que desde la distancia le daban una apariencia pura, virginal, casi sobrehumana. El joven funcionario observaba a su antojo oculto tras los sucios visillos y desde su posición la joven aparecía recortándose sobre el cielo de azul inmaculado, justamente en el centro de dos esbeltas farolas de hierro fundido que parecían darle escolta. Mentalmente y a veces a viva voz el muchacho lanzaba agradecimientos de la misma manera que arrojaría botellas con mensaje al mar, quería mostrar su gratitud a Dios, dar las gracias a cualquier dios correspondiendo por la belleza que genera y contiene este mundo nuestro, por su gozo, por la complacencia de estar vivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así corría el tiempo satisfaciendo al muchacho que aguardaba en agitación placentera el único momento de regocijo que le ofrecían los días. No se cansaba de admirar su extraordinaria imagen símbolo de virtud, la majestuosa serenidad del gesto, la equilibrada armonía entre su cuerpo y sus movimientos cuando subía al autobús, igual que subiera Cleopatra al más alto de sus tronos; el vehículo partía entonces transmutándose de simple autobús a nave dichosa, en la gloriosa carroza de la línea P3 que trasladaba a su divinidad en días laborables. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco fue levantando un frondoso bosque de ensueños donde a ratos podía adentrase desatendiéndose de la triste realidad que lo consumía; fue capaz de edificar una excelsa fantasía simplemente sobre la imagen de una desconocida; un mundo de pasiones desordenadas; de emociones extremas que le hinchaban las venas; un microcosmos paralelo a su anodina existencia. &lt;br /&gt;La hizo su reina, el eje sobre el que giraba este pequeño y feroz universo, ella era el leitmotiv, el único sostén de tan tremenda ilusión. Ahí regía la inocencia, la utopía, el perfecto amor inmaculado pleno de gracia y bondad. &lt;br /&gt;Él era el creador, él era el rey y el reino, el dios de sus ficciones, inventaba mundos a cada instante en los que después se recreaba construyendo escenas, imaginando momentos tales como un quimérico roce de sus labios rezumantes de una dulzura adictiva que obligaba a besarlos con placentera insistencia y que lo llevaban al éxtasis cuando los oía pronunciar su nombre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerraba los ojos el funcionario de la Jefatura Provincial de Tráfico y soñaba una blanquísima luz cenital que reverberaba sobre una plana laguna de color esmeralda de la que emergía su enamorada, vistiéndole el brillante agua su piel trigueña, después la imaginaba acercándosele con el obsequio de un sonrisa suprema, llegaba y, antes del besarle, antes de juntarse las curvas de sus negras pestañas, lo miraba igual que cualquier madre mira a su hijo por vez primera. &lt;br /&gt;El embeleso lo liberaba de la áspera cotidianidad, de esos días enfermos de aburrimiento y que morían de tristeza sin haber sido capaces de engendrar otra cosa nada más que vacío. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pequeña ciudad polvorienta apenas realzada en la ancha llanura y a la que tiempo atrás detestaba se consagró de repente por ser el cofre de su juguete, por albergar a su dueña, por ser origen de sus únicas dichas. Ahora su nombre le sonaba sublime, como si se lo hubiera dado el canto de un pájaro, ya no recordaba el fastidio que antes le daba el pronunciarlo. Ciudad santa por la que su amada paseaba perfumando plazas y jardines iluminando sombras por la alameda y las avenidas haciéndolas más anchas en el alma del joven igualándoselas a las más bellas del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no hubiera sido por su doncella, por esos momentos en que oculto tras los visillos se holgaba en la visión de tan irresistible belleza irremediablemente habría enfermado de melancolía, de esa epidemia que se incubaba en casi todas las casas de la población y que maceraba a las pobres almas cubriéndolas con tedios, con simplezas. Habría sucumbido al invierno emocional que perduraba por siglos en la ciudad helando a corazones cansados, corazones solitarios que esperaron durante mucho tiempo una salvación; una sorpresa; un no sé qué; alguna respuesta. Corazones como esos a los que atendía en su desabrida oficina, ánimos desfallecidos encerrados en cuerpos desinteresados a los que nadie prestaba atención, ojos que apenas le miraban cuando presentaban algún formulario relleno con casi todo lo que ellos eran, una minibiografía escrita con dolor en la que manifestaban cómo se llamaban, dónde vivían y a que se dedicaban, poco más podrían decir de sí mismos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última mañana de esta historia la muchacha no apareció como siempre sentada en el bordillo enladrillado que cerca el pequeño parque justamente en el centro de dos esbeltas farolas de hierro fundido que parecían darle escolta; apareció entrando por la puerta de la Jefatura Provincial de Tráfico dirigiéndose directamente hacia él. Llegó y puso sobre el mostrador un impreso oficial junto con otra documentación requerida para solicitar una licencia de conducción. Al fin, allí estaba todo ante él, su nombre y apellidos; su edad; su dirección. La chica tras cumplimentar el trámite dio las gracias al joven funcionario sin mirarle, él ni siquiera levantó la vista. Desde entonces desapareció de su vida; de sus fantasías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-4883349320440497932?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/4883349320440497932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=4883349320440497932&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/4883349320440497932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/4883349320440497932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2009/02/yo-solo-amo-las-diosas.html' title='Bosque de ensueños'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaaTntrfZlI/AAAAAAAAAIQ/Is0kZVCYiRc/s72-c/estrellasevilla1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-943395352029411272</id><published>2009-01-28T11:24:00.015+01:00</published><updated>2009-03-21T14:18:23.120+01:00</updated><title type='text'>Una gota en el océano</title><content type='html'>Siempre estaba ahí. Me lo encontraba en todos los sitios, a cualquier hora. No quiero decir que me siguiera  porque algunas veces cuando yo llegaba, él ya estaba, parecía estar esperándome, en otras ocasiones aparecía después y al encontrarnos nuestras miradas chocaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamXA9O7tgI/AAAAAAAAAIw/udCpEv0SXn0/s1600-h/victorsevilla1.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 112px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamXA9O7tgI/AAAAAAAAAIw/udCpEv0SXn0/s320/victorsevilla1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307939678525830658" /&gt;&lt;/a&gt;Aparentaba una edad muy cercana a la mía, no puedo decir mucho más de él, siempre estaba solo; decir que sin leer nada pasaba las hojas de un periódico sentado a la mesa en alguna cafetería; que ensimismado bebía cerveza al final de la barra de cualquier bar; que parecía un islote, una pequeña isla desventurada apenas levantado sobre una plana y extensa normalidad. Si entraba a una panadería era muy probable que al instante llegara él, y si había silencio, mientras esperaba el turno, se podía escuchar el canto de su corazón a mis espaldas. No pasaba mucho tiempo sin que me lo cruzara subiendo o bajando alguna escalera; sin que viajáramos en el mismo bus fuera cual fuera el trayecto; le vi rezar en muchas iglesias; me lo encontré en los estadios; en los cines; en los supermercados; en centros de ocio; en los hospitales. Donde fuera, en cualquier sitio, él siempre estaba ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, cuando fui consciente de sus presencias, pensé que a la casualidad le gustaba entretenerse con nosotros y que no eran nada extraordinarios esos acercamientos entre tipos con aficiones comunes pero perdí el sosiego al sospechar que cobraba por espiarme, aunque; quién pagaría a un detective tan torpe, a qué cuerpo de seguridad le interesaría seguir los pasos a un individuo tan normal y cumplidor de todas las leyes como era yo. El hombre no disimulaba su asistencia aunque algunas veces era difícil verle entre otros, ocasionalmente me echaba algún vistazo o me mantenía la mirada igual que si mirara sus ojos en un espejo. Pensé en recurrir a la policía pero qué denunciar, no había acoso ni seguimiento, nuestros encuentros eran claramente fortuitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás le hablé, me limité a estudiarle intentando dar razón a lo absurdo. Su fisonomía y comportamiento no tenían realce ni peculiaridad alguna, vestía sin nada fuera del común en gente de su edad. Olía bien; estando cerca se podía percibir el ligero aroma de una marca muy conocida. Aun sin verle sabía que llegaba o que acababa de marcharse porque como un testigo, la tenue fragancia aparecía o desaparecía de repente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaba el tiempo procurando evitarle, antes de entrar en cualquier sitio buscaba; miraba; olfateaba; y al descubrirlo, me iba gruñendo maldiciones por calles y jardines, me hizo salir encolerizado de oficinas, de centros comerciales, de gimnasios, de restaurantes. En otras ocasiones, cuando era yo el que estaba, él hacía lo mismo. Parecíamos estar condenados a ocupar una realidad común e indivisible, obligados a compartir espacio y tiempo en una existencia ordinaria, incapaces de desligarnos el uno del otro tratando de acostumbrarnos a lo predecible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco se convirtió en el eje de mi existencia. Su omnipresente mediocridad me asfixiaba, pero si digo la verdad, cuando no estaba, me sentía solo, perdido. Cuando no nos encontrábamos disfrutaba en un acto íntimo del sueño de la independencia, breves momentos llenos de genuina libertad en los que me sentía señor de mi existencia aunque sabía que no tardaban en romperse cuando al levantar la vista lo veía reflejado en el cristal de un escaparate o conduciendo un taxi. La obsesión redujo todo mi interés exclusivamente a esa angustiosa conexión nuestra, olvidé mis aficiones, las ilusiones, la fantasía, mis sueños. Desatendí a mi familia, a los amigos aunque no sé por qué los sentía cerca a todos cuando el tipo enfocaba la mirada en el vacío de una pantalla de televisión como si ése fuera el mar de los encuentros, el sitio donde todo confluía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Procuré refugiarme en las exigencias del trabajo, dejé de asistir a lugares públicos y me recluí en casa, la última guarida de mi intimidad, mi pequeña patria celestial, el hogar. Ahí podía tener los ojos abiertos sin verle y mis oídos descansaban del incesante ruido que provocaba a su alrededor. Un silencio divino me cubría protegiéndome de su recuerdo, me alejaba de él, entonces me sentía recuperado y escuchaba mis propias preguntas; momentos en los que por fin sentí calma; paz necesaria para vagar por la tierra interior; por lo más reservado y oculto de mi ser; descubriéndome tal como soy; no como él cree que soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pasé mucho tiempo, solo, aliviado por el olvido, ya casi ni me acordaba de la cara del tipo, a decir verdad, era un rostro tan común que era imposible su recuerdo. Llegué a pensar que todo había sido un sueño, el delirio de un loco, hasta que una mañana conecté de nuevo la televisión. Ya en el primer noticiario apareció el sujeto; daban noticia a pie de calle sobre la fuerte nevada del día anterior y tras la reportera cruzó la pantalla de lado a lado arrebujado en un abrigo gris. Sentí el reverdecer de la angustia en el estómago, cambié de canal y ahí estaba entre el público que aplaudía en un programa concursó mirando fijamente a la cámara, mirándome a mí. Dando arcadas desconecté el aparato. Quise recuperar la calma, recobrarme, volver a mí, pero fue imposible. Tras vomitar abrí un ventanuco buscando aire fresco y tras la película que formaban mis lágrimas lo vi asomado a una de las pequeñas ventanas del bloque de enfrente observándome con la boca entreabierta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé a trompicones las escaleras hasta llegar a mi coche, arranqué sin saber a donde ir y conduje durante horas por una ancha carretera solitaria hasta llegar a una infinita llanura donde no había casa, ni árbol, ni piedra sobre la tierra. Salí del vehículo y caminé durante un buen rato sobre la nieve mullida y plana. No se oía absolutamente nada, ni siquiera el sonido de mis pasos sobre la nieve. Al cabo de unos minutos le descubrí en la lejanía, recortándose sobre sobre un cielo gris, venía hacia mí. Seguimos andando hasta encontrarnos de frente, cara a cara, nos miramos a los ojos y pregunté:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Quién eres?&lt;br /&gt;– No sé – respondió y comenzó a llorar.&lt;br /&gt;– ¿Cómo te llamas? – dije algo asustado.&lt;br /&gt;–  Tengo millones de nombres, miles de millones, también el tuyo – dijo secándose las lágrimas con un pañuelo que exhaló su perfume.&lt;br /&gt;–  ¿Cuando nos separemos dónde irás? ¿Donde está tu casa? – volví a preguntar.&lt;br /&gt;– No sé – dijo tendiéndome la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se la estreché, sentí su calor y sonreímos por primera vez, después lo abracé y supe que estaba solo, que era efímero, único, y comprendí al fin que esa era nuestra maravillosa grandeza. No nos dijimos nada más.&lt;br /&gt;Jamás volví a verle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-943395352029411272?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/943395352029411272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=943395352029411272&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/943395352029411272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/943395352029411272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2009/01/6.html' title='Una gota en el océano'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamXA9O7tgI/AAAAAAAAAIw/udCpEv0SXn0/s72-c/victorsevilla1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-6309567680784930073</id><published>2008-12-14T01:08:00.018+01:00</published><updated>2009-02-26T18:20:21.099+01:00</updated><title type='text'>Sofistifagia</title><content type='html'>Miran desde lo alto, a través de las ventanas del helicóptero observan la nítida arquitectura, la luminosa pureza geométrica de la mansión construida en un claro del bosque a los pies de un macizo montañoso.Es la casa de Neus Celnegre, la persona con un mayor número de galardones otorgados por las más prestigiosas guías gastronómicas del mundo. &lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUlU_Hwr6I/AAAAAAAAAHw/xjfahJ2oNqY/s1600-h/vitorinidibujo2.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 283px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUlU_Hwr6I/AAAAAAAAAHw/xjfahJ2oNqY/s400/vitorinidibujo2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306688778397593506" /&gt;&lt;/a&gt;En esa discreta residencia tienen algunos el exclusivo privilegio de asistir una vez al año a un banquete excepcional, elaborado y presentado por ella misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase una vez una niña muy pobre que ayudaba a sus papás en el pequeño negocio familiar, una carnicería donde no tardó mucho en demostrar sus dotes dejando encantada a la parroquia. Sus chacinas apasionaron a una clientela hasta entonces resignada a la baratura de unos productos sin alma. La tienda prosperó ocupando a varios parientes que felices despachaban carne de una extraordinaria calidad y las magistrales mezclas con las que se alcanzaba un aroma y sabor que hacía enloquecer de placer al más glotón y recuperaba el apetito del más desganado. Pasó el tiempo y la niña se convirtió en una joven que recién graduada en ginecología y obstetricia invirtió sus abundantes ahorros en la compra del antiguo palacete donde dio inicio a una sublime gastronomía. A pesar de su autodidactismo en el arte de los fogones, apenas sin conocimientos prácticos pero con una gran confianza en sus facultades consiguió pronto reconocimientos, críticas favorables incluso de los calificadores más temidos y exigentes. Trabajadora infatigable, creativa, muy natural, desde el principio se abastece  exclusivamente de los mejores productos en los mercados más prestigiosos del mundo con los que compone una poesía para cada plato gracias a una cocina técnica, elegante, dotada de un especial refinamiento que colma de satisfacción a la boca más fina. Esa mente tan creativa y tan singular sensibilidad hicieron crecer el negocio de forma imparable destacándose en el más reputado itinerario gastronómico con la selectas composiciones que sus restaurantes abiertos en distintas partes del mundo presentan  a un público capaz de aguantar pacientemente la espera durante meses, o incluso años, antes de poder sentarse a alguna de sus mesas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy pocos saben que ordenó construir un pabellón cercano a su residencia para albergar a jóvenes desvalidas. Una nave con sótano que penetra en una verde pendiente dando la sensación de ser un bunker, protegido bajo una cubierta vegetal que a penas le hace diferenciarse del entorno. El hormigón visto está presente en interiores y exteriores expresándose como una materia viva con claros volúmenes de líneas puras, un espacio, higiénico, diáfano y bien iluminado. En la estancia superior, panóptica, el paisaje se cuela por los estrechos huecos verticales que horadan los ásperos muros y que se cierran con cristales de seguridad. El escaso mobiliario se compone de una inmensa pantalla de TV sintonizada en un canal infantil y a la que es imposible desenchufar, frente a ella un cómodo sofá, detrás una cama, una mesa con una silla, a un lado una cinta de correr y una bicicleta estática. El inodoro, bidé y ducha tampoco están privados a la vista ajena. Al anochecer se desconecta la electricidad. Allí vive sola por el momento, Anna Damankova, a la que rescató de un burdel de Brest, en Bielorrusa; una mujer grande a la que apenas se le puede entender, con retraso mental y sin familia. Cuando llegó tenía 20 años, un lustro después seguía sola y vistiendo el mismo tipo de prendas con las que se le obligaba a vestirse, algo parecido a un kimono japonés, de colores neutros, marrón, grises y negros que hacían resaltar el azul de sus grandes ojos bovinos y el rubio casi blanco de su corta melena. La señora diseñó una dieta adaptada a sus características y necesidades, con un consumo regular de una amplia variedad de alimentos de primera calidad que le nutría adecuadamente al tiempo que protegía de enfermedades con una medicación intensiva tanto de carácter preventivo como sintomático. No se dejó nada a la improvisación, las influencias medioambientales, tales como las horas de luz, la temperatura, ventilación,  humedad, también desempeñaron un papel importante en el diseño de la jaula.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este final de año marca la fecha de un trascendental acontecimiento en la vida de un oscarizado director, fue citado por fin, al igual que el presidente de una de las democracias más desarrolladas del planeta; también tiene cita un magnate de la comunicación dueño de un emporio de inconmensurable influencia social; y una famosa estrella de Hollywood a la que se le reconoce una extraordinaria labor humanitaria; y un cantante europeo, celebridad muy sensibilizada ante la injusticia social con más de cuarenta años apareciendo en los principales escenarios y medios de difusión pública; esa fecha es clave también para uno de los más importantes banqueros del mundo; para un alto jerarca religioso; para el modisto más influyente del siglo y para un filósofo reconvertido en el mayor experto en estudios de mercado. Un conspicuo grupo de personas residentes en distintas partes del mundo ligados por un único vínculo; el de formar parte del selecto club de caníbales para el que la genial Neus Celnegre cocina sus más sofisticadas y secretas recetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El menú que se degusta en cada convocatoria se prepara con el cuerpo de un humano neonato, de un mes más o menos y hasta un máximo de 5 kilos. Hasta ahora fueron cocinados tres bebés para el club hijos todos del idiotismo de Anna y de un fornido y pésimo jardinero oligofrénico dedicado a semental y que malamente atiende el invernadero donde se cultivan especias y condimentos. Se le mantenía casi oculto en una cabaña entre una espesa arboleda de la finca destinado a padrear a los vástagos de la retrasada. En los meses de marzo y abril con la excusa de que ella lo ayudara en su trabajo, Neus les obligaba a permanecer juntos durante mucho tiempo en la cabaña, el necesario hasta confirmar la preñez. El instinto del jardinero le hacía sentirse culpable de haber hecho algo malo tras copular con Anna por lo que disimulaba torpemente intentando ocultar los hechos. Casualmente fue la muchacha quien inició el ciclo espontáneamente dada su mayor experiencia y en un descuido de Neus, que no obstante contempló todo en silencio, facilitó sus siguientes encuentros y esperó el primer embarazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en todas las ocasiones anteriores los invitados se sientan en unas sillas rojas Panton de Vitra frente a la amplia mesa de acero Big Irony en una gran sala habilitada en el sótano y a la que se accede por una estrecha puerta.&lt;br /&gt;El espacio sin ventanales y de altas paredes blancas y desnudas daba la apariencia de un quirófano por su mobiliario y su extremada higiene. En uno de sus lados, la cocina, donde Neus prepara otro sublime menú para el clan, compuesto por entrante de sesitos asados a la parrilla a fuego flojo acompañados de un puré de coliflor y cubierto de caviar; un caldo de tuétano y huesitos deshechos con jugo de trufa denso en matices y ligero en texturas al que acompaña una tosta de paté a la canela y  pechuguita picada con morcilla de sangre dulce en canutillo de brik con cerezas. Se descorchan tres botellas Perrier Jouet para los primeros bocadosy se presenta a continuación una sopa tibia de cebollino con ajos silvestres, perfumada con semillas y hojas aromáticas con carrillada asada y troceada sobre una pasta de curry rojo y hojas carnosas; le siguen los riñones y corazón caramelizados; la espalda y costillar hervidos con leche materna y confitados con canela y vainilla; a continuación presenta las manitas y pies rellenos con jardinera de berenjena y ceps empalizados con cereales; los muslitos se presentan hechos hebras con hilo de cebollita caramelizada, todo ello acompañado  por cuatro botellas Doble Mágnum de Vega Sicilia. Con leche condensada y otra pasteurizada recogida de la madre en días anteriores compone una mousse al limón con tropezones de cubitos de ananá como postre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la cena los comensales brindan plenamente satisfechos con la esperanza de ser elegidos nuevamente y comentan las bondades de esa delicia cárnica apenas conocida por unos pocos iniciados, el secreto sabor, la delicada esencia del bebé humano, esa carne a la que nada se le puede comparar, ni tan siquiera la de buey de Kobe; ni el mejor toro de atún; ni el más sublime jamón de bellota bien cortado y en su perfecta curación. Suprema carne humana, inagotable, a la que se cría para ellos y con la que disfrutan de la mayor expresión culinaria cuando tragan la elemental inocencia del ser, transubstanciando la pureza en elemental alimento, en sofisticada manduca. El culmen de una elite depravada, hastiada, depredadores acostumbrados por los siglos a las prebendas, a los privilegios del poder, del prestigio social, que se satisfacen despreocupados por la trasgresión de toda moral y sin un ápice de remordimiento ético, sofistifagos en busca del más sublime hedonismo intentando paliar el tedio y la hartura de sus envidiadas vidas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realizan por fin el último brindis y cuando se disponen a salir, aparece Anna Damankova por la estrecha puerta que abre muy despacio, como si esperara permiso para entrar, asoma primero la cabeza, pasa y la cierra tras de sí, se acerca lentamente hasta la acerada mesa y fija su mirada bovina en los restos de los platos, observa un trozo de piel dorado por el fuego con un pequeño lunar con forma de corazón, el corpachón de la mujer permanece inmóvil durante un buen rato y de pronto abre la boca y al principio en un grito sordo lanza después un gran chillido que reverbera en las paredes y que cesa de pronto; despacio toma un cuchillo y corta sus venas y mientras dice:&lt;br /&gt;- ¡No más niños… no más niños!&lt;br /&gt;Clava la afilada punta en la base de su oreja izquierda y traza un profundo tajo hasta la base de la derecha, se degüella con la mirada perdida en el alto techo. La sangre le empapa de inmediato el pecho tintándole el kimono el cuchillo cae sólo un instante antes que ella. Alguno hace intención de auxiliar pero Neus Celnegre lo impide, diciendo:&lt;br /&gt;- Es su venganza. Estos pobres seres la buscan así, haciéndose daño, mortificándose en una especie de ridícula heroicidad mártir y teatrera. Será un honor seguir cocinando para todos ustedes. Buena noche y ojalá pueda verles el año próximo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los comensales pasan silentes por encima de la agonizante Anna procurando no mancharse los zapatos con la sangre caliente. En el exterior, las aspas del magnífico helicóptero agitan la hojarasca de la planicie, todos abordo se eleva el aparato majestuoso hasta desaparecer en la oscuridad. El jardinero a la puerta de su cabaña oye el ruido pero no descubre nada en el negro cielo, sin luna, sin estrellas y… colorín colorado, este cuento no se ha acabado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-6309567680784930073?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/6309567680784930073/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=6309567680784930073&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/6309567680784930073'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/6309567680784930073'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2008/12/5.html' title='Sofistifagia'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUlU_Hwr6I/AAAAAAAAAHw/xjfahJ2oNqY/s72-c/vitorinidibujo2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-131894361156480926</id><published>2008-11-16T11:39:00.014+01:00</published><updated>2009-02-26T18:20:49.285+01:00</updated><title type='text'>Yo preñé a la reina</title><content type='html'>Yo, señor, estando cerca ya el fin de mis días y para dejar constancia de mi revolucionario acto genético-terrorista silenciado por absolutamente toda la canalla mediática, no sólo la nacional, también por todos los medios de comunicación del mundo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;, escribo estas letras que podrán leerse en las blancas paredes de ésta mi pequeña celda de la cárcel-manicomio en la que me sepultaron en vida hace tantos años. Es mi última esperanza de que el suceso que a continuación relataré sea conocido por los ojos curiosos que se entretengan en descifrar mis torpes letras escritas con este lápiz casi consumido a modo de jeroglífico angustiado y ansioso por darse a la luz y el conocimiento del mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUkepzhMBI/AAAAAAAAAHo/vasu-c_NZgw/s1600-h/vitorinidibujo3.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 298px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUkepzhMBI/AAAAAAAAAHo/vasu-c_NZgw/s400/vitorinidibujo3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306687844962611218" /&gt;&lt;/a&gt;Yo, señor, fui a nacer en una estirpe de menganos miserables reproductores de vaciedades y sinsustancias siglo tras siglo; todas las averiguaciones que hice sobre mis orígenes lo único que me procuraron fue deshonra y abatimiento de alma. La lista de mi linaje hasta donde llegó mi conocimiento fue formada por obreros vagos, campesinos necios, pastores cerriles y otros casi esclavos agradecidos en servidumbres a amos de muy poca importancia. Todos ellos sufrieron grandes hambres y profundas calamidades que hicieron peligrar la casta que culmina en mi persona de puro milagro. Yo, señor, soy el único y último heredero de la mustia cadena de los Braga-Palomino, estirpe ignorada por la historia agotada en su inanidad e insignificancia. Yo, señor, ideé, planifiqué y ejecuté el magistral plan reivindicandor con el que conseguí trocar es destino de mi triste y paupérrima ascendencia casi troglodita y también los de esta vigorosa Monarquía nuestra a la que tanto amamos.&lt;br /&gt;Yo, señor, soy de oficio cabrero y además muy inclinado a las filosofías y a las ciencias naturales, por lo que en mis solitarias jornadas campestres tras dar durante muchos años vueltas al asunto genético-reproductivo, llegué a la conclusión que de los vivos que merodeamos por el planeta, son los más fuertes, los más hábiles o los más bonitos los que mejor y más se reproducen.&lt;br /&gt;Yo, señor, no fui agraciado con un cuerpo recio; ya desde chico me apodaron el Sansonito con muy mala guasa por ser canijo y flojo de fuerzas a causa de la desnutrición que heredamos unos de otros, pues tanto mi madre, como mi padre, y todos mis abuelos, eran poco más altos que lo que se entiende por enanos; tampoco he salido muy habilidoso ni para el hacer ni para el cavilar; ni tampoco soy un bonito que luzca guapuras como podrían testificar con recto juramento y ante juez o notario todos los que me hayan visto una o mil veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, señor, encontrándome tan solo y último en este mundo, sin padre; ni madre; ni compañía de hembra con la que aparearme ni multiplicarme, tuve la agudeza, el arte, la ocurrencia, la gracia de diseñar un plan para legar a esta nación un Braga-Palomino muy, pero que muy principal, un sucesor para honra mía y la de toda mi estirpe elevándonos de golpe y por fin a lo más alto de la pirámide sociobiológica tras luengos siglos de infamia, poquedad y anonimatos. Un heredero que aunque adornaría su nombre con otros ilustres apellidos, sería el portador de lo verdaderamente importante, de la simiente Braga-Palomino, que yo; su servidor; sería capaz de transmitirle tan ingeniosamente a la siguiente generación salvándola de su disolución en el olvido y otorgándoles el mejor futuro a nuestro linaje. Y así sucedió todo durante ese día de la primavera del año 1967 en la plaza mayor de la capital de mi provincia y a la vista de la ciudadanía.&lt;br /&gt;Yo, señor, tras tener noticia tres meses antes de los sucesos de la visita que nuestra señora la entonces princesa y hoy reina de nuestra nación al convento de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, tuve esa ocurrencia y descubrí la ocasión para el desarrollo del plan, por lo que estuve tres meses sin acuchillarme las ingles, sin masturbación, o como se suele decirse científicamente sin enanismo alguno para acumular cuantas más semillas mejor y que de ellas la culebrilla más viva del ejército Braga-Palomino fuera la que preñara a nuestra majestad, osea, a la que sería reina, para que se me entienda mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, señor, con las criadillas a punto de reventar llenas de sémenes y espermas, llegué ese día de los primeros a la Plaza Mayor de la ciudad para situarme en sitio más adecuado a mis propósitos. Siguiendo el plan vestí mi camisa más limpia, un peto de cuero decorado con bordados de lana de colores y una chaqueta de paño negro. En las piernas me puse mi calzón de paño negro y también faja, aunque quedaron tapados por delante con los zajones, hechos con cuero y piel con pelo de cabra, rematando el conjunto un cencerro grande y lustroso de adorno sujeto con correa independiente a los riñones, además cargué con un cabrito blanco, el más lucido que tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, señor, al llegar su majestad y para resaltarme superando mi baja estatura aplaudí y lancé vivas procurando llamar su atención, lo que conseguí muy fácilmente y también la de toda la plaza por ser el único que llevaba un cabrito a los hombros y que gritaba como un loco, también por estar engalanado con el rústico traje de gala de cabrero. Esperé los treinta minutos que tardó en salir del convento procurando amigarme y ganar la confianza del escolta más cercano cantándole algunas de las coplillas de mi pueblo al tiempo que le sonreía intentando evidenciar inocencias, pero el lugar de parecer inofensivo tal y como yo preveía, resultó todo lo contrario y ordenó a un guardia del municipio para que estuviera vigilante a mi lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió como medio adormecida nuestra honorable soberana del convento saludando a todos los presentes con una delicada sonrisa en los labios y caminó elegantemente el corto trecho que la separaba de su real vehículo acompañada por la madre superiora, por algunos ancianitos desamparados, por el alcalde y demás autoridades. Al llegar a la puerta del coche y cuando ya lanzaba su último saludo a la concurrencia grité:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Majestad, majestad, una jota, una jotica, déjeme cantarle una jota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo salió según planeé porque conociendo que nuestra reina es receptiva a estos actos sencillos y espontáneos del bajo-pueblo, probablemente me concediera la oportunidad. Así, consintió y, con un leve gesto de su grácil mano, ordenó a los escoltas que dejaran de retorcerme los brazos y pellizcarme las tetillas permitiendo el acercarme. La multitud congregada enmudeció expectante, durante un instante se produjo un extraño silencio tan sólo roto por el débil y corto balido de la cabritilla que llevaba en mis hombros, carraspeé para aclarar la voz y empecé a cantar en tono re al tiempo que bailaba la hermosa jota que dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dolor que siente un burro&lt;br /&gt;cuando le estiran del rabo&lt;br /&gt;es el mismo que yo siento&lt;br /&gt;cuando te vas de mi lado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;entonces; inmediatamente; y sin dar tiempo a reacción alguna, me abalancé sobre ella introduciéndonos junto con el cabrito en el coche, cerré raudo la puerta abierta bajando inmediatamente los seguros. Por extraño que parezca, durante unos instantes nadie reaccionó y sólo se escuchó el sonido de la vara del alcalde al caer de sus manos y chocar en el suelo. Yo, señor, al estar dentro de un vehículo ultra blindado, me despreocupé de los golpes y las amenazas desesperadas que lanzaban los escoltas contra mi persona, entonces suspiré, y dije lo que sigue según había memorizado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--Majestad, Alta Señora, en primer lugar siento el atufarla; excuse el olor a cabra, o como se dice científicamente a capra hispánica, pero señora, mi oficio me obliga; así es como huelen los cabreros, así he olido siempre y puedo asegurarle, alta dama, que no hay agua de colonia, champú o yerbas que puedan con ello. En segundo lugar, eminencia altísima, me dispongo a preñarla, o a fecundarla según se dice más finamente, por lo que inevitablemente deberé el introducirle el miembro falo, o pene, del latín penis según se dice científicamente; le recomiendo que acomode a su persona y que se deje maniobrar a tal efecto porque, por muy soberana que usted es de este país y que pudiera serlo de otros treinta, como no se este quieta, me veré obligado a soltarla dos sopapos terroristas como estoy seguro que no le han dado nunca. Permítame entonces que descargue al chivito y procedamos señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, señor, solamente he entrado en hembra humana cuatro veces; tres fueron con Justina, la puta manca, la única del pueblo, o prostituta como se dice educadamente, y la cuarta fue, según el plan, en nuestra reconocida soberana que por cierto se estuvo muy quieta durante el proceso reproductivo y que fue un tanto largo debido a mi torpeza y también a la flaccidez del mi miembro falo que tardó algo más de lo acostumbrado en remontar debido a la gravedad del acontecimiento, a los fuertes golpes en los cristales, también por los insistentes ruegos de la anciana madre superiora del convento, a las advertencias del alcalde, a las órdenes de fuerzas policiales y por las risas, gritos y aplausos de la concurrencia que asistió al evento o show según se dice científicamente ahora. Conseguí concentrarme y culminar gracias al sonido del cencerro que llevaba atado a los riñones y que marcaba el ritmo de mis empujes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, señor, después de arrojar mis abundantes sémenes y espermas en su principesca vagina, delicadamente agarre por los tobillos a la señora, que seguía con los ojos muy abiertos y sin pronunciar palabra, o bajo shock como se dice ahora, y le elevé las piernas durante unos minutos para facilitar la fecundación de otro Braga-Palomino. Así permanecimos hasta que la pericia de un soldador consiguió abrir una de las puertas por la que como una exhalación salió el chivo asustado sacándome después a mí los escoltas arrastras, agarrado de los pelos y sin dejarme subir los calzones siquiera. No me voy a extender más porque se está acabando el espacio para mis letras en estas humildes paredes. Valga decir, señor, que el castigo para semejante afrenta nacional es alto; encerrado estoy desde entonces sin poder hablar con nadie. Sé que de esto nada sabías porque todos los periodistas fueron advertidos de lo que supondría tanta deshonra para la Monarquía y para la nación a la que representa, se requisó todo material gráfico, toda grabación y seguro que amenazaron a quien tuvieran que amenazar para que nada de esto llegara a la opinión pública, así lo preveía mi plan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya me queda poco de vida, muero solo, anciano y enfermo aunque contento porque sé que preñe a la reina y que hay un príncipe, que nació en las fechas que tenía que nacer y aunque no he visto retrato alguno estoy seguro que será otro característico morenito Braga-Palomino, delgado y pequeño de estatura, aunque como todos sus antepasados, grande de corazón.&lt;br /&gt;La saga sigue viva y la estirpe ya sin amenaza. Yo he cumplido.&lt;br /&gt;He dicho y escrito para que se sepa.&lt;br /&gt;Amén&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-131894361156480926?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/131894361156480926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=131894361156480926&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/131894361156480926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/131894361156480926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2008/11/yo-pre-la-reina.html' title='Yo preñé a la reina'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUkepzhMBI/AAAAAAAAAHo/vasu-c_NZgw/s72-c/vitorinidibujo3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-1133433785893722563</id><published>2008-10-17T00:34:00.011+02:00</published><updated>2009-02-28T20:58:47.448+01:00</updated><title type='text'>Estoy muerto</title><content type='html'>¡Ya está! ya me morí; estoy muerto. Estoy en la fosa, me enterraron. Lo último que oí fue el estrépito de los terruños sobre el ataúd; mi ataúd, éste que me contiene ahora y que está cubierto por la tierra que antes pisaba.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;No siento temor; no siento nada; no tengo ningún miedo. Sé que ya no respiro, que no late mi corazón pero no sé si se están mis ojos cerrados o abiertos, no veo la nada; no es que vea todo blanco o todo negro, es que es la nada y a la nada no se la ve. No sé cuanto tiempo llevaré sepultado quizás debería estar oliendo mi putrefacción pero tampoco olfateo nada, ni oigo, ni trago saliva, nada me pica, ni me escuece o duele, no tengo sueño, ni frío ni calor; estoy muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamXaMVjDII/AAAAAAAAAI4/XJoxy8beMag/s1600-h/lunes.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 307px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamXaMVjDII/AAAAAAAAAI4/XJoxy8beMag/s320/lunes.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307940112076835970" /&gt;&lt;/a&gt;Entonces; ¿por qué siguen chispeando los ecos de algunos pensamientos por mi cabeza, por qué sigo escuchándome en el cerebro? o… en el alma. ¿Hay un alma? ¿De dónde llegan estas resonancias? ¿Hay una conciencia que no se separa nunca del cuerpo y que se descompone también poco a poco mientras se separa la carne de nuestros huesos? Puede que la mente siga trabajando, que no se desconecte de golpe, que se vaya apagando paso a paso, del mismo modo que se apagan las luces de una casa; primero la cocina… el salón… después el dormitorio…. acaso ahora sea así y yo esté en las últimas y cuando se apague mi última luz se habrá consumido definitivamente otra existencia como la de otros miles de millones anteriores a la mía. Así de simple, no hay más. Así murió Colón estuviera dónde estuviera, Shakespeare, Ghandi, Stalin o el humilde panadero de cualquier pueblo. Éste es el secreto jamás desvelado. Nadie regreso después de morir para decir a los vivos que muerto no se está bien ni se está mal, que morimos sin miedo, sin angustia, sin necesidad alguna, sin esperar ningún futuro ni salvación.&lt;br /&gt;O quizás estar muerto no sea sólo esto, posiblemente me encuentre en una espera, algo puede ocurrir, o jamás me ocurrirá nada más. De repente puede aparecérseme una luz divina o que mi alma comience a filtrase entre los poros del ataúd primero y por los millones de granos de la tierra que lo cubren para elevarse a algún paraíso, o también podría derretírseme como el plomo y colarse poco a poco hacia algún infierno.&lt;br /&gt;Es el momento de esperar a alguna divinidad. Puedo esperarla o no esperarla eternamente porque el tiempo ya no se divide en horas, ni en días, ahora son eones indefinidos los que me llevan del mañana al ayer y del nunca al siempre. Ni siquiera existe eso a lo que llamé tiempo.&lt;br /&gt;¿Tendré un juicio? ¿Seré juzgado por el ojo que todo lo ve, por un juez infalible que sabe todo lo que se puede saber? porque él; o ella; o ello; será la sabiduría y por lo tanto todos seremos exonerados de pena y castigo por él, o por ella, o por ello, porque quien todo lo comprende todo lo perdona. ¿O seré castigado por lo que dije y debí callar? o por lo que no hice y debí hacer, o por todo el dolor que regué por el mundo sin importarme el sufrimiento con tal de satisfacerme. No lo sé; no sé si habrá o vendrá un juez; o un Dios; o el mismo Satán, tampoco me importa. No me importa nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo lo que en vida me aterraba muerto me es tan indiferente como el pestañeo de una vaca en un prado. El miedo a morir, al infierno, a la nada, al vacio… ¡Qué sublime tontería! Si pudiera regresar y decir a todos los que sufren la vida: ¡Eh! Escuchen. Estar vivo es una tremenda carga, lo mejor del mundo es morirse de una vez, estar muerto y descansar; dejar de comenzar y recomenzar los días y los años. Es un alivio abandonar esa gota de agua en la que habita nuestra miserable existencia y que flota en un insondable mar cósmico guareciendo a miles de millones de existencias sin sentido como la nuestra.&lt;br /&gt;El impulso vital, la reproducción de este tremendo error que llamamos vida nos obliga a vivir, a amarnos, a devorar a otros seres para seguir existiendo y prolongarnos en nuestra descendencia.&lt;br /&gt;No sé para qué existimos aunque ahora sé por qué merece la pena vivir a pesar de todo. Mi vida está plenamente justificada por lo único que puede justificar a todas las vidas: por la belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El color es bello, la forma es bella, la paternidad fue bella. Los amantes son hermosos, la geometría, el sexo, la arquitectura, los campos y las nubes; los barcos, el pan, los besos y los adioses; las mañanas de invierno, el estío, el otoño y la primavera. Casi todo lo que fabricó la mano del ser humano es bello. Las matemáticas, los ritos, las risas, las caricias, las nieves y las lluvias son bellas; los museos, el furioso viento silbante y el que mece a las rosas, las olas de todos los mares, el agua clara, la amistad, los cristales empañados, el ondulante vaho de un aromático café, la húmeda selva, el soplo que enfría la sopa, los caminos, la miradas de los niños, los acantilados y los desiertos, la porcelana, los perros, los animales, una mesa bien puesta, todo es hermoso. La caridad, el olvido, el perdón… las madres… cuando te dicen: ¡buen día!... Sí; por la belleza merece la pena vivir… el poder… el dinero… no merecen… la… pena… belleza… vida… yo… ya no soy… estoy muerto… morí… la belleza… no tengo miedo… estoy muerto… yo… vivir es bello… la vida es bella… yo… la vida… vivir… vivir… vivir… la vida…. …. …&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-1133433785893722563?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/1133433785893722563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=1133433785893722563&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/1133433785893722563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/1133433785893722563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2008/10/estoy-muerto.html' title='Estoy muerto'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamXaMVjDII/AAAAAAAAAI4/XJoxy8beMag/s72-c/lunes.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-7564617775282363861</id><published>2008-08-25T13:50:00.006+02:00</published><updated>2009-02-28T21:03:04.173+01:00</updated><title type='text'>Las limosnas de Dios</title><content type='html'>Dicen que hasta entonces, en ninguno de sus 65 años de vida, soltó una lágrima. Parecía inmunizado al dolor; a la pena, al sufrimiento. Vivió siempre en la casa en que nació, una antigua nave reacondicionada del primer polígono industrial que hubo en la ciudad. La altura y el velo de suciedad que cubría los cristales impedían la vista y el paso de la luz por los estrechos ventanales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La centenaria fábrica se dividió en una treintena de espacios sin techar que se alquilaban a los obreros más pobres. La que fue una calle adoquinada con el tiempo fue perdiendo poco a poco la piedra y ganando charcos que a la caída de la tarde semejaban trozos de espejos rotos desparramados por el suelo. En los pocos días en que el suelo estaba seco, el polvo sustituía al barro y con el incesante paso de los camiones de la cementera próxima se introducía abiertamente por el ancho y alto portón de la entrada a la moradas del interior sin cubrimiento. Jamás vio limpia su casa. Dos calles más abajo se encontraban las vías del ferrocarril. Escuchó durante años el traqueteo metálico; los soplidos de las locomotoras de vapor; el paso fatigado de vetustos trenes lanzando en estertores gruesas bocanadas de humo y hollín que elevaban al perenne cielo gris y que veía aparecer en voluminosas nubes sucias por detrás de los altos muros enladrillados de los talleres de enfrente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella travesía se pasó su infancia sin recibir un buen gesto o una caricia de nadie, su única dicha fue la compañía del perro que apareció de repente. Era entonces un cachorro mestizo al que le faltaba un gran trozo del belfo inferior por donde siempre le goteó la baba y por el que asomaba el rosa amoratado de la encía. No le dio un nombre porque jamás tuvo necesidad de llamarlo. Un chucho despierto, atento, que jamás recibió un baño. No se separaron hasta el día en que murió después de ser atropellado por un destartalado carromato frente al portal de su casa. Quedó tendido con las tripas fuera, sin apartar la mirada de la sombra del muchacho con unos ojos que se fueron velando en un azul nacarado al paso de los años; intentó socorrerle metiéndoselas para adentro y envolviéndole la barriga con su camisa. Así; agonizando durante dos días, acabó expiando entre sus brazos; pero ni siquiera entonces el hombre soltó una lágrima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huérfano de madre desde muy chico, puede decirse que se crió así mismo. Sus progenitores llegaron un año antes de su nacimiento a esa calle y ahí se quedaron para siempre; soñando con emigrar a un lejano país tropical en el que tenían algún pariente, aunque al final su padre remató allí sus últimos días tras pasarse la existencia picando en la mina de carbón en el noreste de la región y en la que murió por una explosión en la profundidades del yacimiento. Su hijo, entonces, tampoco lloró. Sintió algo parecido al alivio porque la tos crónica que arrastraba su padre se amplificaba entre esas cuatro paredes impidiéndole el sueño durante muchas noches. El viejo padecía dificultad respiratoria a causa de neumoconiosis, la enfermedad del pulmón negro, además, no sabía como pero; a pesar de aparecer limpio; siempre dejaba el polvo negro y fino de la mina ennegreciendo las sábanas de su lado de la cama, la única de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los diez años comenzó a ganarse la vida recogiendo botellas, metales o cualquier otra cosa a lo largo de la vía del tren, llegaba hasta el lejano barrio donde se encontraban los talleres del ferrocarril, una zona donde se juntaban a beber los mecánicos; los maquinistas y al anochecer jóvenes y maleantes al amparo de la oscuridad. Vendía al peso cartones y trapos que rebuscaba en el basurero. Así hasta que entró en la plantilla de una empresa situada a doscientos metros de su chamizo dedicada a la fabricación de tornillos, bulones, pernos y tuercas. En sus pequeños talleres y, resignado desde el principio al ruido atroz de una maquinaria obsoleta, se pasaron 45 años de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi en la treintena se emparejó con una mujer diez años mayor que él, una compañera apagada de la que apenas podría decir nada de los cinco lustros que pasaron juntos, poco más que era callada, fría, sosegada. No recordaba ninguna conversación fuera de las de la rutina de la convivencia. Falleció sin hijos y fue enterrada sin llanto cerca de su vivienda pues los muros del cementerio de la ciudad no distaban más de 300 metros de su hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre pasó los últimos cinco de vida laboral relegado a vigilante nocturno en la misma empresa, recluido en un cuchitril de una sola ventanilla orientada a la entrada de la fábrica en el que tan sólo oía el ininterrumpido zumbido del tubo fluorescente que iluminaba las grises paredes donde únicamente pendía un calendario caducado con una foto de Venecia y con la leyenda: La calle más bonita del mundo. Había una pequeña mesa con la tapa llena de arañazos y rayones que mostraban el color natural de la madera y que contrastaba con el marrón oscuro con el que se pintó; ahí fijó la vista durante cientos de horas imaginando que esas ralladuras eran ríos, canales por los que fluía un agua azul y fresca. Memorizó todos en un fantasioso mapa fluvial y podría describir con los ojos cerrados hasta la más leve marca en la tapa de la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco más puede añadirse al resumen de esta existencia; aunque parezca imposible, jamás olfateó el perfume de una flor; ni tampoco escuchó el canto de un pájaro; ni vio una montaña o un mar. Nunca salió de la ciudad, de su barrio; no pasó más allá de los lejanos talleres del ferrocarril a los que llegaba de chico como a una frontera buscando botellas. Ese era su mundo; fábricas; talleres; ruido; olor a grasa, a goma; a gasolina quemada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le ocurrió durante su última guardia nocturna. Miró las rayas, las profundas marcas en la mesa, miró después la foto de una góndola del calendario y decidió entonces que no habría de morirse sin viajar a Venecia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así, un mes después de su jubilación entraba en la ciudad de los canales tras pasar un largo puente. Llegó en una luminosa mañana azulada en la que el tibio velo de la calima apenas permitía distinguir al horizonte que se diluía hasta desaparecer entre el cielo y el agua. En la estación de Santa Lucía y subió a bordo del vaporetto indicado que de inmediato inició su marcha a barlovento en calmosa navegación por los cuatro kilómetros de la gran “S” que traza el Gran Canal de Venecia. Se acomodó asomándose a una de las ventanillas abiertas y miró hacia arriba descubriendo el contraste de las tejas ocres oscuras con algunas de la primeras claras fachadas del canal, se fijó en la hermosa cúpula en color verde de San Simeone Piccolo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamYL6GM1JI/AAAAAAAAAJA/krnDcAUpu3M/s1600-h/venecia_2.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 155px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamYL6GM1JI/AAAAAAAAAJA/krnDcAUpu3M/s320/venecia_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307940966174086290" /&gt;&lt;/a&gt;El sol refulgía en las pequeñas lanchas blancas que adelantaban al vaporetto provocando estelas que se le asemejaban a un largo velo blanco de novia contrastado con el color azul verdoso del líquido, muy similar al de la aguamarina. Casi rozaban en su navegación la verticalidad de los anchos postes de madera hincados en la fangosa profundidad y que servían de amarre. Los nobles edificios asomaban al canal sus colores rosas, salmón, siena, marrones. Estrechos canales aparecían a babor y estribor, algunos cruzados por pequeños puentes metálicos o de madera. Las tonalidades de las persianas entreabiertas a esa hora y la de los toldos desplegados en las fachadas salpicaban con vivo color a superficies más apagadas de las construcciones. Los botes se balanceaban pacíficamente mientras los turistas paseaban con galbana por las graníticas aceras que bordeaban los canales. El hombre, con un nudo en la garganta miró hacia el interior de la nave en el instante en que un muchacho besaba la mano de una joven; la chica le correspondió con un beso en los labios; después sonrió y le abanicó despacio su rostro con un mapa doblado. Devolvió la vista al Gran Canal y quedó maravillado con todas esas edificaciones, con los palazzos; una fantasía arquitectónica, un delirio artístico que, desde su perspectiva, orillaban al canal en ingrávidas franjas de una realidad imposible y maciza, flotando entre los azules del agua y del cielo. Al jubilado le empezó a temblar la barbilla y no pudo evitar los primeros pucheros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La brisa parecía acariciarle la cara mientras escuchaba el zumbido sordo del motor y el chapoteo de las pequeñas olas en el casco como a una melodía y de repente; aparecieron las primeras góndolas; tan elegantes como en el caduco calendario. Los destellos refulgentes del sol en el agua reverberaban también en su negro acharolado; su quilla centelleaba como lo harían miles de luciérnagas en una noche sin luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sintió a la primera lágrima de su vida deslizándose muy despacio por la mejilla. El vaporetto cruzó en ese instante el Ponte degli Scalzi, de un solo arco y en el que destacaba su piedra blanca, justo en el momento en una mujer pasaba por encima con un gran sombrero de paja y una cesta cuajada de rosas amarillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se descubría una Venecia más íntima en los pequeños canales que seguían apareciéndose. Un gran pájaro blanco voló majestuoso muy cerca del bote durante unos instantes batiendo las alas con parsimonia, después viró por una de las soleadas calles inundadas a estribor. En los jardines las plantas desbordaban rejas y muros con un su magnífico verde avivado por el sol hasta caer y rozar con sus hojas en la superficie. A la sombra de la vegetación una muchacha morena leía un libro mientras uno de sus pies trazaba círculos dentro del agua, se cruzaron con otra góndola en la que una pareja cómodamente reclinada miraba adelante sonriendo. De pronto apareció el Ponte di Rialto, soberbio; el más antiguo de los que cruzan el Gran Canal y el más famoso de Venecia, con su único arco con dos níveas rampas inclinadas y que se cruzan en un pórtico central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, ya en llanto abierto temía que le descubrieran, no por vergüenza; sino porque le interrumpieran el placer procurándole consuelo. No necesitaba alivio porque sus sollozos eran el fruto de un descubrimiento, de una sobredosis de gozo que milagrosamente compensaba todo su pasado justificándole la existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podía oír los acelerados latidos de un corazón que pareció palpitar por primera vez en esos momentos. El sol hacía centellear sus lágrimas en el aire antes de caer al canal que lo mecía como una tierna madre y tuvo la certeza, supo entonces, que ya tenía la vida agotada; un lento escalofrío recorrió su espinazo y le inundó una sensación desconocida que supuso que era eso que llaman felicidad; algo que no venía de la esperanza sino de una antigua inocencia, de su propia raíz. Lo recibió como una limosna de Dios. Se agarró al cristal de la ventana cerrando los húmedos ojos y se sumergió en esa plenitud deseando no volverlos a abrir nunca más. Un leve golpe de aire le hizo sentir el frescor de sus lágrimas en la cara; sonrió. El vaporetto siguió deslizándose parsimonioso por el Gran Canal hacia la dársena de la Piazza San Marco, en el Mar Adriático.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-7564617775282363861?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/7564617775282363861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=7564617775282363861&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/7564617775282363861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/7564617775282363861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2008/08/2.html' title='Las limosnas de Dios'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SamYL6GM1JI/AAAAAAAAAJA/krnDcAUpu3M/s72-c/venecia_2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3497916456342750628.post-9066039538013298608</id><published>2008-08-25T13:29:00.007+02:00</published><updated>2009-02-25T11:47:51.530+01:00</updated><title type='text'>No es el azar, es el destino</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUg2rpHKXI/AAAAAAAAAHY/nFdGyqzrlro/s1600-h/vitorinidibujo1.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 257px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUg2rpHKXI/AAAAAAAAAHY/nFdGyqzrlro/s320/vitorinidibujo1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5306683859726182770" /&gt;&lt;/a&gt;Tres meses antes de dar a luz la mujer del inspector jefe García por fin le dio el nombre del hombre que la dejó preñada.&lt;/span&gt; Él se lo exigió con la misma contundencia con la que interrogaba a los sospechosos en comisaría. La esposa lo dijo muy rápidamente no separando el nombre del apellido que tanto deseaba escuchar mientras cerraba la puerta del portal. Él policía podría habérselo pedido a alguno de sus compañeros, el nombre y mucho más, pero ansiaba escucharlo de su propia boca para oírlo como otra declaración de culpa a las que estaba tan acostumbrado, también para procurar un reconocimiento de vergüenza. Quería un nombre que le patentizara la gravedad de los hechos, volcar sobre él la responsabilidad de su mortificación. Le era tan necesario como encontrar la clave de un asunto o como poner nombre al personaje principal de una novela. No le parecía conveniente saber nada más, trataba de contener su furia el tiempo necesario para que se consumiera sin consecuencias. Se reconocía capaz  de cualquier temeridad, por ejemplo; capaz de presentarse en el trabajo del hombre con una barra de hierro en la mano, de esperarle en su casa, cortarle los huevos y obligarle a tragárselos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inspector quería demasiado a su mujer, con auténtica obsesión, aceptaba con agrado  su dependencia, no resistía su ausencia más allá de las ocho horas de jornada laboral y corría contento a su domicilio casi con la misma precipitación de su primera cita. Su amor extremo, poderoso, equilibraba su existencia, expiaba las culpas y le liberaba del peso de los remordimientos por tanto dolor vertido fuera de su hogar, de su santuario. La veneraba porque para él representaba todo lo digno de ser respetado en un ser humano. Se purificaba colmándola de atenciones y ternura santificándola como a una imagen que reflejara todas las virtudes en contraposición de toda la bajeza y vicio que estaba obligado a conocer y soportar como policía. A su lado, el discurrir del tiempo era una delicada quietud, la complacencia en la gloriosa simpleza del momento, el contento de la compañía anhelada. Disfrutaba mirándola cuando se pintaba los labios frente al espejo, al escuchar sus pasos, cuando sentía el roce de su tersa piel en el pequeño sofá, al percibir la sutileza de su aroma personal, al saborear el fresco que le dejaba en los labios la humedad de sus besos. Aparte del trabajo, no tenía otra dedicación más en la vida que el adorarla. Así se complacía y aceptaba en el paso del tiempo hasta que se clavó la única espina que había en su camino y detuvo su ventura.&lt;br /&gt;Desde muy joven sintió el ansia de ser padre, un buen padre. Cuando conoció a su pareja, casi una niña, ya la quiso antes que como mujer, como madre de sus hijos. Eran entonces las ilusiones tan jóvenes y poderosas como ellos. Hablaban de sus futuros hijos sin cansarse y no se les agotaban las listas de nombres, debatían durante horas sobre cunas, vestiditos, vacunas, colegios, se cuchicheaban sus deseos, soñaban con ojos verde esmeralda y oscuros rizos. Pero pasaron los años, muchos, y cuando dejaron de hablar de sus niños ideales casi guardaron total silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella supo un viernes que estaba embarazada pero esperó a primera hora de la mañana del lunes, justo en el momento en que el inspector jefe García salía para comunicárselo. Asomando por la puerta entreabierta de su casa la escuchó decir que estaba encinta. Se lo dijo con el mismo tono que le pedía que trajera su revista favorita. Más que el golpe de la durísima revelación, sufrió por la cruel impasibilidad de su rostro mirando al suelo y por como cerró la puerta; despacio y sin hacer ningún ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos sabían desde mucho tiempo atrás de su esterilidad. García, infecundo, infértil, fue desde entonces una condena para su mujer, un arenal tedioso, un futuro infructuoso, un agua estancada y pútrida. Ansiaba ser madre, dar vida, pero ese hombre estaba incapacitado para fecundarla y aferrado a ella la hundía en lo vano de su existencia. Sentía aumentar su angustia ante el vacío, se consideraba estafada por el destino.&lt;br /&gt;Esa tarde, cuando regresó del trabajo, García se sentó a su lado, muy cerca, le tomó delicadamente una de sus manos y le juró mirándola a los ojos el querer a ese niño como si fuera suyo, el darle todo el cariño y la mejor educación que le pudiera dar, también le aseguró que el amor que sentía por ella era más fuerte que nunca y que pasara lo que pasara, jamás dejaría de quererla como lo había hecho hasta entonces, pero cuando se le acabaron las promesas ella retiró la mano de entre las suyas muy despacio y fijando la vista en el suelo dijo que lo mejor era que él se marchara, que dejara esa casa rogándole que no le impidiera esa oportunidad de ser feliz, de comenzar una nueva vida porque la que vivía junto a él estaba muerta y le estaba consumiendo.&lt;br /&gt;Esa noche, el inspector cerró la puerta de su domicilio por última vez y ya en la calle lanzó una mirada a la ventana desde la que su mujer le despedía todas las mañanas saludándole con la mano. Le pareció muy pequeña con la luz apagada y las cortinas corridas. Arrancó su viejo Ford negro y entre visillos ella lo vio desaparecer cuando giró al final de la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue tres meses antes de dar a luz cuando la esposa del inspector jefe García le dio al fin el nombre del padre de la niña que estaba gestando. La esperó en el portal y muy tranquilo le dijo que de ahí no se movería hasta no saberlo. Ella estaba harta de su insistencia, de escuchar esa pregunta. Le pedía el nombre igual que cuando interrogaba a algún sospechoso en comisaría. No quería descubrírselo porque aunque con ella siempre fue tierno, sabía que era un hombre cruel, que no llegó a comisario por su incontenible furia, aunque también sabía que García era un hombre de palabra y le prometió que le bastaba con el nombre, le garantizó que no le preguntaría nada más, que no le buscaría y que los dejaría vivir a los dos en paz. La mujer deseaba con toda el alma apartarle de su futuro definitivamente y vio la oportunidad en ese momento, creyó que llevándose ese bocado, esa mínima concesión, los dejaría seguir su camino mientras él se limitaría a rumiar su dolor hasta agotarlo en soledad. Por eso le dio el nombre,  lo hizo con un gesto de hartazgo y con una voz casi inaudible mientras cerraba el portal de su casa. Se llamaba Anastasio Cervantes, como el escritor, imposible de olvidar&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;Cuando dio a luz, el inspector jefe se presentó con un gran ramo de flores blancas en la habitación de la clínica, se las ofreció pero ella las rechazó sin hacer un gesto y sin decir una palabra, las dejó sobre una silla y la besó en la mejilla. Después se asomó a la cuna y comenzó a gimotear, la mujer vio como una rutilante lágrima se deslizaba muy despacio por su mejilla hasta caer como un goterón sobre la perfumada colchita rosa del moisés. Entonces tomó suavemente a la niña entre sus brazos y poniéndose de rodillas ante ella le suplicó amor, le prometió olvido, le juró querer a esa criatura más que a su vida, ser una familia, pero ella, inclemente; le ordenó con la serenidad a la que estaba acostumbrado que dejara al bebé en la cuna y que saliera inmediatamente del cuarto, “entiende de una vez que ya no te quiero. Vete por favor” dijo señalando la puerta y eso fue lo último que oyó de sus labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió y como borracho, deambuló durante un buen rato por la maternidad hasta encontrar la salida. Aturdido, casi sin ver por donde iba, no le importó disimular su trágica figura a los pacientes y visitantes, no le importó mostrar su llanto abierto. Al fin, sobre el asiento de su viejo Ford negro arrancó de inmediato y casi al instante chocó contra otro vehículo, un Ford blanco, en la misma entrada de la clínica. Como ajeno al accidente se secó las lágrimas con la manga y fijo la mirada en una pequeña fotografía que llevaba de su mujer en el salpicadero del coche, vio la sombra de un hombre que tocaba su ventanilla con los nudillos y él la bajó sin mirarle, el sujeto le pedía explicaciones pero al ver su lastimoso estado cambió el tono diciendo que todo se arreglaría, que le diera sus datos, que no habría problemas, que tenía mucha prisa porque venía a conocer a su hija recién nacida. El inspector jefe, impasible; no apartaba la vista de la foto; el hombre al fin le puso una tarjeta de visita delante de los ojos mientras le decía que no podía esperar y que se pusiera en contacto con él para rellenar los partes del seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;García pudo leer entre lágrimas su nombre: Anastasio Cervantes, inesperadamente, hizo presa en el cuello del individuo con su mano izquierda, mientras, con la derecha extrajo  de la cartuchera su arma reglamentaria. Antes de morir, Anastasio Cervantes vio aterrorizado la foto de la madre de su hija en el salpicadero de ese coche. El inspector disparó todas las balas menos una en la cara del hombre, así, sin soltarle, metió el cañón humeante y caliente de la pistola en la boca y mirando a su mujer apretó el gatillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;31 de julio de 2008&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3497916456342750628-9066039538013298608?l=pisabarro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pisabarro.blogspot.com/feeds/9066039538013298608/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3497916456342750628&amp;postID=9066039538013298608&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/9066039538013298608'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3497916456342750628/posts/default/9066039538013298608'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pisabarro.blogspot.com/2008/08/inspector-garca.html' title='No es el azar, es el destino'/><author><name>oldfox</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_1KBqaEsKJfQ/SaUg2rpHKXI/AAAAAAAAAHY/nFdGyqzrlro/s72-c/vitorinidibujo1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
